Fue el año pasado cuando platiqué en la oficina privada de un alto, altísimo funcionario policiaco del gobierno de Puebla.
Primero me felicitó por ser de los pocos medios que gozan de credibilidad. Después me platicó de las necesidades de la dependencia a su cargo y al final, tras una hora de plática, me confesó que “los chiapanecos” dejarían “un cagad…ero en todo Puebla”. Me quedé mudo al escucharlo y enumerar todo el daño que le hacían a Puebla con la impunidad que les daba tener el control de la Secretaría de Seguridad Pública y los Centros de Readaptación Social.
Al cuestionarle por qué nadie hacía algo dijo: “engañan al gobernador y abusan de la confianza que les ha dado”.
Sobra decir que el tema de los Ceresos salió a relucir, pero también varios levantones que hacía la gente de Raciel López Salazar, cobro de piso con grupos dedicados a la extorsión y el narco menudeo y hasta con los delincuentes que asaltan y roban en el primer cuadro de la ciudad.
Salí preocupado, asqueado y decepcionado de los delincuentes que tenían charola para delinquir desde el gobierno de Puebla.
Hoy, esos delincuentes son quienes encabezan la campaña negra en contra de Miguel Barbosa porque llegó a tocar sus intereses millonarios productos de las actividades delictivas.
Lamentablemente la corrupción en los Ceresos y las fuerzas policiacas es cíclica, porque siempre emerge al poder un personaje que haya estado esperando la caída de otros delincuentes pares. Así es la inmundicia humana…
Por cierto: ¿Actuará el Estado hasta sus últimas consecuencias en contra del delincuente que cobijó como titular de Seguridad Pública?
