Hace mucho tiempo, la luz de la estrella de Guillermo Aréchiga Santamaria se apagó y hoy solo lo acompañarán noches frías y heladas en una celda de 3x2 metros del Cereso de Puebla.
La traición que hizo al morenogalismo quedó impune hasta hoy.
Tanto servilismo (primero), y pugnas (después) con el gobierno de Miguel Barbosa, las pagará con años de cárcel.
Su primer error fue disputarle a muerte al corrupto ex subsecretario Yassir Vázquez, los negocios que da la Secretaría de Transporte: moches, venta de concesiones, cobro por delegaciones, extorsión a vehículos de transporte pirata y cuotas diarias por cada supervisor que sale a robar, perdón: trabajar.
Aréchiga no entendió que el abuso se paga muy caro en el gobierno de Puebla.
Y a pesar de saberlo, intentó entregarle a su hijo una licitación millonaria para las fotomultas que fue detectada a tiempo. Aunque finalmente se le quedó a una empresa relacionada con otro innombrable: Alberto Vivas…
Guillermo Aréchiga es el único que ha logrado ser boletinado por la Fiscalía como corrupto. Ni siquiera Alberto Vivas o Yassir Vázquez han recibido semejante castigo a pesar de ser señalados en diversos actos de corrupción.
Por cierto: todos han sangrado al noble gremio transportista y a los concesionarios. Por eso, Puebla es una entidad señalada como muy corrupta en el tema de transporte.
Se busca secretario eficiente y no corrupto…
