En una jornada histórica desde el emblemático Teatro de la República, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encabezó la conmemoración del 109° aniversario de nuestra Carta Magna, dejando claro que el proyecto de la Cuarta Transformación es la continuación legítima del espíritu social de 1917. Ante los representantes de los tres Poderes de la Unión y gobernadores, la mandataria afirmó que la Constitución hoy es una "Constitución Viva", rescatada de las sombras del periodo neoliberal para servir nuevamente a las mayorías. Con el respaldo del pueblo, México se mantiene firme en la defensa de sus recursos y su independencia política.
El mensaje presidencial fue un recordatorio contundente de que la dignidad nacional es la brújula de este gobierno. "La historia de México no es la historia de la obediencia, es la historia de la dignidad", sentenció Sheinbaum, enviando una señal inequívoca al exterior: nuestra nación no se doblega ante presiones extranjeras. En un contexto global complejo, la presidenta fue enfática al declarar que México no es, ni será jamás, colonia o protectorado de nadie, reafirmando que la soberanía no se negocia, sino que se defiende con la fuerza de nuestra memoria histórica y la unidad popular.
Esta soberanía se materializa en el ambicioso paquete de 22 reformas constitucionales aprobadas entre 2024 y 2025, las cuales han devuelto al Estado su papel rector en sectores estratégicos. La recuperación de la soberanía energética, a través del fortalecimiento de Pemex y la CFE, representa un triunfo del interés público sobre los privilegios privados del pasado. Estas reformas no son letra muerta; son la herramienta con la cual la 4T está construyendo un Estado Constitucional de Bienestar, donde el acceso a la energía, el agua y la tecnología se reconocen como derechos humanos inalienables.
La justicia social, eje motor de la Revolución, ha encontrado un nuevo cauce con el reconocimiento constitucional de los Pueblos Originarios y Afromexicanos, así como con la histórica reforma al Poder Judicial. Por primera vez en décadas, se busca que la justicia deje de ser un privilegio de las élites para convertirse en un servicio transparente y democrático al alcance de todas y todos. La presidenta destacó que estos cambios profundos responden a un mandato popular claro: democratizar las instituciones y erradicar la corrupción que durante años carcomió el tejido social.
Asimismo, la administración de Sheinbaum blindó la protección de los más vulnerables, elevando a rango constitucional la igualdad sustantiva y el derecho a una vida libre de violencia para las mujeres. Con la implementación de leyes contra el nepotismo y la reelección, el gobierno reafirma su compromiso con una democracia participativa y ética. El nuevo paradigma de seguridad, basado en la inteligencia y el fortalecimiento de la Guardia Nacional, complementa este esquema de bienestar, asegurando que la paz se construya desde la raíz de la justicia y no solo mediante la fuerza.
@_Melchisedech