El Imparcial
La semana pasada, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, líderes europeos se unieron para rechazar las renovadas exigencias del presidente estadounidense Donald Trump, quien insistió en que Estados Unidos debía gobernar Groenlandia, territorio semiautónomo de Dinamarca. El episodio detonó una respuesta firme y coordinada de Europa, marcando un cambio en la relación diplomática con Washington, según AP.
Una voz unificada contra la presión
Durante meses, los gobiernos europeos habían buscado fórmulas diplomáticas para contener las demandas de Trump. Sin embargo, la insistencia en anexar Groenlandia cruzó las “líneas rojas” de la diplomacia. El primer ministro británico, Keir Starmer, aseguró que “Reino Unido no cederá” en su respaldo a la soberanía de Groenlandia, mientras que líderes de Noruega, Francia y Alemania coincidieron en que “Europa no sería chantajeada”.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, subrayó que la unidad continental fue clave: “Cuando Europa no está dividida, los resultados se muestran”. Este giro refleja un aprendizaje político tras un año de intentos fallidos de apaciguar al mandatario estadounidense.
El rechazo a la amenaza de anexión
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, fue categórico: “Basta. No más presión. No más fantasías sobre anexión”. Sus palabras marcaron un punto de inflexión y dieron pie a una serie de declaraciones conjuntas de líderes europeos, quienes advirtieron que cualquier intento de anexión pondría en riesgo la existencia misma de la OTAN.
La respuesta de Trump no se hizo esperar. Desde Florida, amenazó con imponer un arancel del 10% a productos de ocho países europeos, con la posibilidad de elevarlo al 25% en junio si no se aceptaba la “compra completa y total” de Groenlandia.
El choque de paradigmas
Expertos en relaciones internacionales, como Duncan Snidal de la Universidad de Oxford, señalaron que Trump se encuentra en una posición debilitada por problemas internos en Estados Unidos, desde la caída de los mercados hasta tensiones migratorias. Aun así, su estilo transaccional y su desprecio por el derecho internacional han chocado con la tradición diplomática europea, basada en la cooperación y el respeto a las reglas.
Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra, fue directo: Europa debe rechazar la “coerción” y la “explotación” de las grandes potencias, construyendo un frente común que defienda su soberanía.
Precaución y firmeza
Aunque Trump retrocedió parcialmente en Davos, cancelando la amenaza de usar “fuerza” para apoderarse de Groenlandia y hablando de un misterioso “marco de acuerdo”, Frederiksen volvió a advertir: “No podemos negociar sobre nuestra soberanía”. La respuesta europea fue clara y contundente: no habrá concesiones.

