La reciente decisión del presidente Donald Trump de designar a seis cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) marca un hito en la política de seguridad y relaciones internacionales entre Estados Unidos y México. Esta medida, que incluye a grupos como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, tiene profundas implicaciones en diversos ámbitos que merecen un análisis detallado.
¿Qué implicaciones tiene esta jugada?
1. El impacto inmediato: Para empezar, esta decisión no es un mero formalismo. Al etiquetar a los cárteles como terroristas, EE.UU. puede perseguir no solo a los líderes del narco, sino también a cualquiera que les brinde “apoyo material”. Esto incluye a empresarios, banqueros y hasta abogados que sin querer (o queriendo) hayan tenido tratos con ellos. Pero lo más preocupante es la posibilidad de que Estados Unidos decida actuar por su cuenta en territorio mexicano, con drones o comandos especiales. Imaginen un bombardeo contra un líder del narco en Sinaloa o Michoacán, como ya lo han hecho en Medio Oriente. ¿Cómo respondería México ante algo así?
2. El problema diplomático: Aquí es donde las cosas se complican. La presidenta Claudia Sheinbaum ha dejado claro que México no permitirá que EE.UU. haga y deshaga en su territorio. Sin embargo, la presión será enorme, sobre todo porque México es el principal proveedor de automóviles, electrónicos y alimentos de EE.UU. Si la relación se deteriora, podríamos ver tensiones en la renegociación de acuerdos como el T-MEC, lo que afectaría a industrias clave en ambos lados de la frontera. Un golpe económico en plena campaña electoral es lo último que quiere Biden (o Trump, si gana en noviembre).
¿Y qué pinta Elon Musk en todo esto?
El dueño de Tesla, SpaceX y, ahora, del Departamento de Eficiencia Gubernamental (sí, le ofrecieron un cargo “honorario” al mero estilo mexicano si Trump gababa la presidencia), ha sido pieza clave en la política económica de EE.UU. Recientemente, Trump pausó la imposición de aranceles a México, lo que dejó a Musk en una posición muy conveniente: su gigafábrica en Nuevo León depende del comercio sin trabas entre ambos países. Pero entonces, ¿por qué Musk apoyaría la designación de los cárteles como terroristas? Simple: el narcotráfico es uno de los principales argumentos de Trump para endurecer las reglas comerciales con México. Si la presión aumenta, Musk podría tener una excusa perfecta para pedir incentivos o apoyo gubernamental para trasladar más producción a EE.UU., dejando a México en una posición más débil.
¿Y qué onda con el Cártel de Juárez?
Aquí hay una omisión que no pasa desapercibida. La designación terrorista incluye a seis cárteles, pero curiosamente deja fuera al Cártel de Juárez y su brazo armado, “La Línea”. Esto es extraño, considerando su historial de violencia, especialmente en el ataque contra la familia LeBarón en 2019, que indignó a la comunidad mormona en EE.UU. ¿Por qué Trump no los incluyó? Hay varias teorías: o la información de inteligencia no los coloca como prioridad, o hay intereses políticos de por medio. No olvidemos que Chihuahua es clave para el comercio fronterizo y que muchos empresarios estadounidenses operan en la región. Si Washington pone a Juárez en la lista negra, las repercusiones podrían ser más complicadas de lo que parecen.
¿Se viene una renegociación del T-MEC?
No hay que ser ingenuos: si esta medida escala, México podría verse obligado a sentarse a renegociar acuerdos clave con EE.UU. en materia de seguridad y comercio. Trump ha sido claro en su deseo de imponer reglas más estrictas en el T-MEC, y la presión sobre el narcotráfico le da una excusa para hacerlo. Esto podría traducirse en mayores restricciones a las exportaciones mexicanas, más revisiones en la frontera y, en el peor de los casos, un golpe directo a la industria automotriz y manufacturera. Para Sheinbaum, esto es un problema monumental, pues tendría que equilibrar una relación tensa con EE.UU. sin ceder demasiado en soberanía ni en economía.
¿Es una movida de campaña o una necesidad real?
La respuesta es… ambas. Trump sabe que su base de votantes quiere mano dura contra el narcotráfico, especialmente con la crisis del fentanilo en EE.UU. Esto le da una narrativa poderosa para su campaña: “Voy a tratar a los cárteles como tratamos a los terroristas”. Pero más allá del discurso político, hay un problema real: los cárteles han alcanzado un nivel de sofisticación militar y económico que desafía a cualquier gobierno. Trump solo está usando el problema para reforzar su imagen, pero el tema seguirá siendo un dolor de cabeza para quien gane en noviembre.
En resumen, la designación de los cárteles como terroristas es una jugada de alto riesgo. Puede ayudar a EE.UU. a combatir el narcotráfico con más herramientas legales, pero también puede tensar al máximo la relación con México. La gran pregunta es: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Trump? ¿Y qué hará Sheinbaum para evitar que esto se convierta en una crisis mayor? Los próximos meses serán clave para saberlo.