En unas horas, las diputadas de Morena Nay Salvatori y Graciela Palomares, tiraron a la basura lo que han construido por siglos grandes mujeres que derramaron sangre y dieron su vida por las causas femeninas.
Su afán por jugar a la comunicación libertina e irresponsable, las llevó a cometer uno de los agravios sociales más lamentables de la política moderna: burlarse de los viejitos a los que tanto protegió el ex presidente de México Andrés Manuel López Obrador, paradójicamente un ser humano que encarna el prototipo sujeto de burla de las mencionadas.
Hoy que la dirigencia nacional de Morena busca rescatar a quienes se han desencantado del movimiento político, nace un nuevo escándalo de carácter nacional en el que ambas han sido llevadas al juicio mediático digital.
A estas alturas es ocioso recordar la burla que cometieron ambas legisladoras en contra de los adultos mayores, pero no es tarde para recordarle a la dirigente nacional que la sociedad pide su expulsión del partido guinda y hasta el desafuero.
Ambas se disculparon por conveniencia, no por convicción, y no midieron el daño que causarían a su partido, de cuyos miembros de la tercera edad se burlan y hasta asno les dan.
Quizá no conozcan quién fue Hermila Galindo y mucho menos sus logros; tampoco creo que entiendan sobre la evolución del sistema democrático, equidad de género, reformas electorales, paridad política, medidas de protección y violencia.
No lo conocen porque no leen y porque ellas decidieron ser el prototipo de mujeres ignorantes que ahora deciden qué carne humana es buena.
De la noche a la mañana se convirtieron en un cáncer al interior de su partido y difícilmente sus falsas disculpas superarán el escándalo nacional que la oposición abanderará para cualquier elección política.
Pero como dije ayer: ellas no tienen la culpa, sino quienes las pusieron a pesar de conocerlas.