El País México
Tras la caída de Nicolás Maduro, detenido la madrugada del sábado en una operación militar de Estados Unidos, todo el mundo debe recalibrar sus relaciones diplomáticas con Venezuela. México no es la excepción. La presidenta Claudia Sheinbaum navega con cautela entre las amenazas de intervencionismo de Washington, pero deberá también ajustar sus relaciones con el chavismo y su nueva líder, Delcy Rodríguez. La mandataria mexicana conoció a la hoy presidenta sustituta en octubre de 2023. La reunión se celebró en el marco del noveno encuentro del Grupo de Puebla, una organización de partidos y líderes de izquierda creada para defender a los gobiernos progresistas. Hoy ambas ocupan focos de mucha atención en la región.
La entonces precandidata presidencial mexicana fue una de las invitadas especiales al encuentro encabezado por los expresidentes Ernesto Samper, de Colombia; Evo Morales, de Bolivia y Rafael Correa, de Ecuador. Otra invitada de peso era la vicepresidenta de Venezuela, una de las funcionarias más cercanas al entonces presidente Nicolás Maduro. La cita sirvió para que los 140 líderes partidistas y académicos reunidos en Puebla denunciaran el avance de una derecha antidemocrática en América Latina y los intentos de sabotaje a gobiernos de izquierda auspiciados desde Estados Unidos.
Era la antesala de la toma de protesta del izquierdista Bernardo Arévalo en Guatemala, del ascenso del ultraconservador Javier Milei en Argentina y del triunfo del candidato de la derecha en Ecuador, Daniel Noboa. Y flotaban en el ambiente duras confrontaciones entre izquierdas y derechas en Honduras, Perú, Colombia, Chile y México. La cita fue difundida por el Grupo Puebla como un parteaguas para impulsar un “modelo solidario de desarrollo” como alternativa al neoliberalismo.
“Enfatizamos en que el problema de la soberanía y de las intervenciones de potencias extranjeras sigue siendo un escollo para la profundización de la democracia y la libertad en nuestra región. Solo durante el último lustro son numerosos los casos que demuestran esta situación; a saber: Bolivia 2019 y el Golpe de Estado contra Evo Morales; la intervención encabezada en Venezuela por Juan Guaidó, y sus intentos de golpe y desestabilización...”, señalaron en una declaración firmada en la ciudad mexicana de Puebla, donde el grupo se atrincheró en torno a dos liderazgos emergentes: el presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, y la mexicana Claudia Sheinbaum.
El Grupo Puebla volvió a México en mayo de 2024, en vísperas de la elección presidencial. La delegación acreditó varios observadores para los comicios y, el 1 de junio, fue recibida por la ganadora, quien abrió un espacio en su apretada agenda de esa noche. Mientras fluían los resultados que confirmaban su victoria, Claudia Sheinbaum recibió en un salón del hotel donde instaló su comité de campaña a una comitiva encabezada por el expresidente de Argentina, Alberto Fernández; el boliviano Evo Morales y el excandidato presidencial chileno Marco Enríquez-Ominami.
Ese día, con motivo del triunfo de Morena, la venezolana Delcy Rodríguez publicó un post en sus redes sociales en el que decía: “Venezuela celebra el triunfo de la presidenta electa Claudia Sheinbaum, quien se impuso con una contundente victoria a favor del pueblo de México y el espíritu integracionista de nuestra América Latina y el Caribe, labrado con afán y valentía por el presidente López Obrador. Nuestras felicitaciones al gran pueblo hermano de México. ¡Que viva México!”.
La reelección de Maduro y la neutralidad de México
Un mes después, las elecciones en Venezuela causaron gran conmoción en la región, al tratarse de una jornada electoral con múltiples irregularidades y considerada fraudulenta por gobiernos de todo el mundo, incluso por algunos miembros del Grupo Puebla, como el chileno Gabriel Boric. En México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador evitó pronunciarse sobre la calidad del proceso electoral, y emitió un comunicado en el que dijo mantenerse atento al conteo final de las actas del Consejo Nacional Electoral. “Apegado a sus principios constitucionales de política exterior, con pleno respeto a la soberanía de Venezuela y a la libre determinación de los pueblos, México confía en que la voluntad del pueblo venezolano expresada en las urnas sea respetada mediante un proceso de escrutinio transparente”.
López Obrador volvió a referirse a las elecciones de Venezuela hasta el mes de agosto de 2024, dejando en el aire un reconocimiento explícito a Maduro, pero también un posicionamiento firme en torno a lo que la oposición venezolana denunció como un fraude electoral. Lo que sí hizo fue criticar el respaldo de Estados Unidos al candidato opositor Edmundo González, que calificó como “una imprudencia”. Respecto a las acusaciones de fraude, el expresidente mexicano optó por una aparente neutralidad y dejó que pasaran los meses y se consumiera su mandato sin volver a hablar del tema, siempre escudado en la política de no intervención.
En la misma línea, la entonces presidenta electa declaró, el 30 de julio de 2024, que era necesario esperar el cómputo final. Se pronunció en favor de la transparencia y de un cómputo total de los votos, pero también condenó el intervencionismo extranjero y criticó que la Organización de Estados Americanos haya descalificado anticipadamente el proceso de reelección de Nicolás Maduro.
Las tres visitas de Maduro a México
La postura del gobierno de López Obrador respecto a Venezuela estaba precedida por tres visitas de Nicolás Maduro a México. La primera ocurrió en diciembre de 2018, cuando el presidente venezolano acudió como invitado a la comida que ofreció López Obrador a los jefes de Estado que asistieron al cambio de poderes. Maduro fue aconsejado para no presentarse a la toma de protesta en el Congreso, donde la oposición tenía preparadas protestas en su contra.
Tres años después, Maduro regresó sorpresivamente a México para participar en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada el 17 de septiembre de 2021. Viajó acompañado de su vicepresidenta Delcy Rodríguez y fue recibido por el entonces canciller Marcelo Ebrard. La tercera y última visita ocurrió el 22 de octubre de 2023, cuando López Obrador lo invitó a un encuentro al que denominó “por una vecindad fraterna y con bienestar” en Palenque, Chiapas. Acudieron los mandatarios de Colombia, Cuba, Haití, Honduras y Venezuela, para hablar sobre migración y movilidad humana.
En 2024, Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez celebraron el triunfo de Claudia Sheinbaum en las elecciones presidenciales mexicanas, pero ninguno de los dos acudió el 1 de octubre a la toma de protesta de la presidenta, quien tampoco acudió a la investidura de Maduro en enero de 2025 y optó por enviar una representación diplomática.
Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca como contexto, en 2025 la presidenta tuvo que hacer malabares para gestionar la relación con el régimen venezolano, siguiendo las directrices que heredó de López Obrador: la aparente neutralidad amparada en el argumento de la no intervención, la frialdad hacia la oposición venezolana y algunos gestos con el chavismo. Uno de esos gestos fue la decisión de mantener como embajador de México en aquel país a Leopoldo De Gyves de la Cruz, indígena oaxaqueño y militante de movimientos sociales de izquierda en el Istmo de Tehuantepec, quien fue nombrado por López Obrador desde marzo de 2022 como un acto de cortesía con el régimen bolivariano.
Otra muestra de cautela ocurrió en noviembre de 2025, cuando se le preguntó por el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado, la lideresa política y moral del antichavismo. En contraste con el reconocimiento y celebraciones de otros jefes de Estado, Sheinbaum dijo: “sin comentarios, pero es muy importante decir que México siempre va a defender la autodeterminación de los pueblos, la no invasión y la no injerencia”.
Más tarde, cuando las amenazas de Donald Trump contra Maduro subieron de tono, la presidenta se refirmó en los principios de no intervención y solución pacífica de los diferendos, e instó a la Organización de las Naciones Unidas a asumir un papel más protagónico en la crisis. Este lunes, ya consumada la intervención militar y la captura de Maduro, Sheinbaum ha reiterado esa postura, y ha reiterado su condena por la acción unilateral de Estados Unidos.
Ha evitado pronunciarse sobre Delcy Rodríguez, que a la hora de la conferencia matutina aún no había asumido la presidencia de Venezuela, pero en los próximos meses tendrá que construir con ella la relación de México con el nuevo chavismo que emergerá tras la caída de Nicolás Maduro.

