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El cambio más fuerte es este: el Departamento de Estado dejó de emitir pasaportes con marcador “X” y solo reconoce “M” o “F” según el sexo biológico al nacer, tal como quedó explicado en la guía oficial del propio gobierno.
La medida no cayó del cielo. Está ligada a la orden ejecutiva firmada por Trump el 20 de enero de 2025, llamada “Defending Women from Gender Ideology Extremism and Restoring Biological Truth to the Federal Government”, que empujó a las agencias federales a adoptar un criterio binario de sexo. En la práctica, el nuevo esquema revierte la flexibilidad que existía antes para personas trans y no binarias en documentos de viaje.
Qué cambió realmente en los pasaportes
Lo que más ruido hizo fue el fin del marcador “X”, que había sido incorporado durante la administración Biden para personas no binarias, intersex y otras personas que no querían figurar como hombre o mujer en ese documento. Con la nueva política, el gobierno estadounidense sostiene que solo emitirá pasaportes con “M” o “F” y que ese dato debe coincidir con el sexo asignado al nacer.
Eso convierte el tema en algo mucho más grande que un simple trámite. Para quienes apoyan la decisión, se trata de una corrección ideológica y administrativa. Para quienes la rechazan, es una regla que expone a miles de personas a conflictos con su identidad legal, su seguridad y hasta sus viajes internacionales. Reuters reportó además que la política fue impugnada en tribunales por considerarse discriminatoria contra personas transgénero y no binarias.
La justicia ya se metió de lleno
La pelea escaló rápido. En abril de 2025, una jueza federal en Boston bloqueó parcialmente la política para un grupo de demandantes, al considerar que probablemente violaba garantías constitucionales de igualdad. Associated Press informó que ese fallo frenó, al menos en parte, la prohibición del marcador “X” y la imposibilidad de modificar el marcador de género en ciertos casos.
Después, en junio de 2025, otro fallo federal amplió el golpe a la administración Trump al bloquear a nivel nacional la negativa a emitir pasaportes que reflejaran la identidad de género de personas trans y no binarias. Eso muestra que la regla no solo provocó escándalo político: también abrió un frente judicial serio que siguió avanzando durante meses.
Por qué esta medida incendia tanto a Estados Unidos
La razón es simple: el pasaporte no es un papel menor. Es uno de los documentos más sensibles que tiene una persona, porque define cómo aparece ante aerolíneas, autoridades migratorias y gobiernos extranjeros. Cuando una administración cambia esa regla desde la Casa Blanca, no mueve solo una casilla burocrática: toca identidad, derechos civiles y poder político.
Por eso el anuncio fue leído como otra ofensiva cultural del trumpismo. En lugar de quedar encerrado en oficinas consulares, el tema saltó a medios, cortes y campañas políticas. Y aunque los sectores conservadores lo celebraron como una restauración de lo que llaman “realidad biológica”, los críticos lo denunciaron como una medida de exclusión con efectos concretos sobre miles de ciudadanos estadounidenses.
El documento más poderoso ahora también es campo de batalla
Lo que queda claro es que Trump volvió a tocar una fibra explosiva. La nueva regla de pasaportes no solo redefine qué acepta el gobierno de Estados Unidos en sus documentos oficiales, sino que convirtió al pasaporte en otro campo de guerra política. Y cuando un país pelea por quién puede figurar como quién en su documento más importante para salir al mundo, ya no se trata solo de viajes: se trata de poder puro.

