Mostrando artículos por etiqueta: Ignacio Zaragoza
Ignacio Zaragoza, el general que jamás imaginó que Puebla sería su patria
José Carlos Sánchez
Puebla, Pue. Hay una ironía profunda en la historia de Ignacio Zaragoza: probablemente jamás imaginó que sería en Puebla, y no en la tierra que lo vio nacer, donde su nombre alcanzaría una de sus mayores dimensiones. Mucho menos habría previsto que, 164 años después de su muerte, una ciudad que en 1862 recibió con hostilidad al Ejército de Oriente terminaría convirtiéndolo en uno de sus símbolos más importantes.
Zaragoza llegó a Puebla en una circunstancia adversa. No encontró aquí las condiciones ideales para enfrentar al ejército francés. Por el contrario, tuvo que lidiar con la resistencia de buena parte de la población poblana, que simpatizaba con la causa conservadora y veía con mejores ojos la intervención extranjera que al gobierno liberal de Benito Juárez.
A su ejército le faltaron recursos, caballos, alimentos y apoyo. El camino tampoco fue sencillo: encontró obstáculos materiales y políticos antes incluso de enfrentarse al enemigo extranjero.
Y, sin embargo, fue aquí donde su nombre quedó inscrito para siempre.
Hay otra paradoja todavía mayor. Zaragoza nació en Texas, cuando aquel territorio todavía pertenecía a México, y perdió su patria de nacimiento como consecuencia de la guerra entre México y Estados Unidos. Es difícil imaginar que aquel joven militar pudiera haber previsto que, más de un siglo después, serían los descendientes de quienes le arrebataron sus tierras a él y a su familia quienes lo colmaran de honores cada 5 de mayo y que, en México, la ciudad que terminó convirtiéndose en el escenario central de su gloria sería Puebla, la ciudad conservadora. Más no Monterrey, su nueva patria chica.
Zaragoza no era un hombre ajeno al resentimiento que aquella guerra había dejado. En sus comunicaciones con Juárez aparece el enojo de un militar que veía con desesperación la situación del país y que, frente a las circunstancias que enfrentaba, llegó incluso a plantear la posibilidad de “voltear los cañones hacia dentro", una expresión que retrata hasta qué punto comprendía que el enemigo extranjero no era el único problema de México.
Pero quizá la mayor particularidad de Zaragoza no se encuentre en la batalla que lo convirtió en héroe, sino en el hombre que llegó hasta ella.
Fue un militar marcado por el deber y, al menos por lo que muestran sus actuaciones y su correspondencia, mucho menos interesado en la política que otros de sus contemporáneos. Mientras dentro del propio bando liberal comenzaban a perfilarse figuras con ambiciones políticas enormes —como Porfirio Díaz o Jesús González Ortega—, Zaragoza parecía pertenecer a otra estirpe: la de los hombres que combatían, cumplían una responsabilidad y regresaban a sus obligaciones.
Hay un episodio que permite dimensionarlo. Durante la Guerra de Reforma, su compromiso militar fue tal que llegó a casarse por poder, mientras se encontraba ocupado en las campañas contra los conservadores. Su hermano tuvo que representarlo en la ceremonia.
Después vendría una tragedia todavía mayor. Su esposa murió y Zaragoza dejó una hija pequeña. Apenas unos meses después de la victoria del 5 de mayo, él mismo moriría víctima de la fiebre tifoidea. La gran victoria que lo convirtió en uno de los héroes nacionales terminó siendo, en su vida personal, una victoria profundamente agridulce: no pudo acompañar a su esposa en sus últimos momentos y su muerte dejó a su hija completamente huérfana.
Por eso, detrás del héroe de bronce hay una historia mucho más humana: la de un hombre al que la guerra le arrebató buena parte de su vida familiar y que, paradójicamente, encontró su inmortalidad en una tierra que nunca habría imaginado como propia.
También resulta significativo preguntarse de dónde salió aquel general.
Zaragoza no fue producto del Colegio Militar. Como buena parte de los militares liberales que terminaron protagonizando las grandes campañas del siglo XIX, fue un hombre formado en el combate y en las circunstancias. Intentó incorporarse al Ejército de Línea y no fue aceptado; encontró entonces un camino en las Guardias Nacionales, es decir, en aquel principio del pueblo armado que caracterizó buena parte de la experiencia liberal mexicana.
Combatió en el norte y participó en las campañas contra las llamadas tribus bárbaras. Después llegó la Guerra de Reforma, donde los liberales necesitaron construir un ejército prácticamente sobre la marcha.
Y ahí aparece otra de las grandes paradojas de la historia militar mexicana: algunos de los generales liberales más brillantes del siglo XIX no provenían de una formación militar académica. Eran hombres surgidos de las guerras civiles, de las guerrillas y de las Guardias Nacionales. Zaragoza perteneció a esa generación que dio sangre nueva a un ejército cuyos principales cuadros habían envejecido durante décadas de conflictos.
Cuando llegó al Ejército de Oriente, la situación tampoco era alentadora. El general José López Uraga había transmitido a Juárez su pesimismo ante unas tropas poco dispuestas a combatir y un ejército formado, en buena medida, mediante levas. Zaragoza recibió entonces una fuerza que necesitaba ser organizada, disciplinada y, sobre todo, convencida de que podía combatir.
Y lo hizo.
El hombre que había llegado a Puebla con carencias terminó levantando la moral de sus tropas y convirtiéndolas en el ejército que derrotó al que entonces era considerado uno de los mejores ejércitos del mundo.
Lo hizo, además, sin que aquella victoria significara para él el inicio de una carrera política. Zaragoza murió demasiado pronto para saber qué lugar ocuparía en la historia. No pudo conocer el México que vendría después. No pudo saber que otros presidentes gobernarían la República, que la política cambiaría, que el liberalismo se transformaría y que su nombre terminaría asociado para siempre con la ciudad que inicialmente no lo recibió con los brazos abiertos.
Y quizá por eso su figura merece una reflexión distinta.
¿Qué habría pensado Ignacio Zaragoza de los homenajes que hoy recibe en Puebla? ¿Qué habría sentido al saber que la ciudad que alguna vez dificultó el paso de su ejército terminó levantando una explanada con su nombre y convirtiéndolo en uno de sus principales héroes?
¿Qué habría pensado de que su memoria también fuera reivindicada en Estados Unidos, precisamente en la tierra que México perdió después de una guerra que él no olvidó?
No podemos responderlo. Cualquier respuesta sería una conjetura.
Academia Ignacio Zaragoza tiene cinco días para regularizarse
José Carlos Sánchez
Puebla, Pue. La Academia Militarizada Ignacio Zaragoza tendrá cinco días hábiles para solventar las observaciones realizadas por las autoridades educativas y definir su situación, informó el gobernador Alejandro Armenta, quien señaló que estará atento a que el procedimiento se lleve a cabo conforme a la ley.
Durante la conferencia matutina, el mandatario fue cuestionado sobre la situación de las instituciones educativas militarizadas y, particularmente, sobre el procedimiento que enfrenta la Academia Ignacio Zaragoza para continuar en funciones.
Armenta explicó que el plazo comenzó este lunes, por lo que la institución tendrá esta semana para presentar la documentación y elementos necesarios para atender las observaciones.
“Hoy comienza el término, es decir, esta semana tienen para solventar y vamos a estar muy pendientes de que se cumpla la ley, pero también de que se atienda a los jóvenes”, afirmó.
El gobernador señaló que la continuidad de este tipo de instituciones debe estar acompañada de una adecuación a las disposiciones establecidas por las autoridades educativas.
Esto, luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Educación Pública federal, Mario Delgado, plantearan la transformación de las escuelas militarizadas que pretendan mantenerse activas.
“Si la presidenta y Mario Delgado han invitado a la transformación de estas instituciones, yo creo que es muy buena opción”, sostuvo Armenta.
Añadió que la posibilidad de mantener estas instituciones existe siempre que se ajusten al marco establecido.
“Puede tener estas instituciones”, señaló el mandatario, al referirse a la posibilidad de que continúe el modelo educativo una vez atendidas las disposiciones correspondientes.
El gobierno estatal dará seguimiento al procedimiento durante los próximos días, mientras la Academia Ignacio Zaragoza deberá presentar las acciones necesarias para solventar las observaciones y avanzar en su regularización.
Alejandro Armenta devela la nueva escultura de Ignacio Zaragoza
Gabriela García Guzmán
El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta develó la nueva escultura del General Ignacio Zaragoza con la finalidad de honrar su memoria y que todos los poblanos lo tengan presenta en su día a día.
En un evento protocolario retiraron la tela que la cubría, para darla a conocer a los ciudadanos el día de mañana que se conmemora la Batalla del 5 de Mayo de 1852 con el tradicional desfile.
La escultura está colocada al pie del Arco que simboliza la entrada a la ciudad, con la finalidad de que visitantes y habitantes la vean al entrar o salir.
En su intervención, el mandatario aseguró que este evento simboliza el honor de tener un personaje digno de ser un ejemplo para todas las generaciones, debido a que en la actualidad se siguen librando batallas en favor de tener un mejor Puebla.
Continúa Pepe Chedraui supervisando trabajos de bacheo en colonia Ignacio Zaragoza
Contraparte/Staff
Puebla, Pue., 14 de abril de 2026.- Con la finalidad de mejorar la movilidad urbana en la capital, el presidente municipal Pepe Chedraui supervisó los trabajos de bacheo en la Calzada del Ejército Mexicano, entre Calle 5 de Mayo y Bulevar Vicente Suárez, Colonia Ignacio Zaragoza como parte de las acciones del programa BacheAndo Puebla.
Con el despliegue de 25 cuadrillas, esta estrategia, impulsada por el Gobierno de la Ciudad, refuerza las labores en distintos puntos estratégicos de la ciudad atendiendo a las necesidades de la ciudadanía.
El alcalde Pepe Chedraui constató los estándares de calidad establecidos, verificando el uso adecuado de materiales y el cumplimiento de los tiempos programados, en beneficio de vialidades más seguras, mejorar el flujo vehicular y para comodidad de peatones y automovilistas de la capital poblana.
Rinden honor a Ignacio Zaragoza por su 163 aniversario luctuoso
Gabriela García Guzmán
El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta presidió la ceremonia cívica por el 163 aniversario luctuoso del General Ignacio Zaragoza, quien liberó a Puebla del ejército francés haciendo historia independiente de la entidad.
Como orador oficial, Pável Gaspar Ramírez, diputado local en Puebla, aseguró que la historia exige a la población estar a la altura de las circunstancias actuales.
“Con la guía de nuestro gobernador, Alejandro Armenta y de la presidenta Claudia Sheinbaum, ellos creen como Zaragoza que la patria es sacrificio, porque si en 1862, defendimos la soberanía con coraje, hoy la defenderemos con justicia social con instituciones cercanas al pueblo y con la determinación de que nadie se quede en el rezago”, dijo.
El legislador pidió a los presentes que cada acción, que cada reforma, que cada ley sea una trinchera de justicia, que cada poblano y poblana, que cada mexicana y mexicano sea heredero del templo que dice que la patria no se rinde.
¿Qué pensaba Ignacio Zaragoza de Puebla?
Actualmente todo o casi todo lo que hay en Puebla tiene que ver con la Batalla del 5 de mayo. Pareciera que el nombre del general Ignacio Zaragoza prácticamente haya sido hecho a la medida para quedar plasmado en la capital de Puebla. Colonias, comercios, monumentos, escuelas y hasta el famoso Boulevard.
Pero… ¿realmente Zaragoza llevaba a Puebla en el corazón como se nos ha hecho creer? Lo cierto es que no y de hecho se dice que Zaragoza no sentía particular afecto por Puebla, aún después de la victoria del 5 de mayo.
De hecho, la sociedad poblana, sobre todo para ese entonces, se habían caracterizado por representar todo lo contrario a la radiografía del personaje que le tocó ser su defensor. Durante la guerra contra Estados Unidos en 1847 se había rendido ante el ejército invasor sin prestar resistencia en Mayo de aquel año y cuando la prestó fue diez años después, pero a razón de resistirse a las Leyes de Reforma, cuando incluso el presidente en funciones de la época, Ignacio Comonfort, tuvo que venir a sofocar la rebelión.
Cuando Zaragoza llegó a la ciudad se encontró con que la población en general se mostraba hostil con el ejército de oriente, les negaron todo, comida, dinero, alojamiento y en general el apoyo suficiente para garantizar la subsistencia de un solo día del mermado ejército, incluso después de la batalla. Tanto así que de ahí viene la famosa frase del general Zaragoza “dan ganas de voltear los cañones y disparar hacia adentro”.
Para Variar Antonio de Haro y Tamariz, uno de los poblanos más destacados de la época, venía con los franceses desde Veracruz e incluso llegó a darle recomendaciones al general Lorences para tomar la capital entrando por las tapias del Convento del Carmen y hasta llegó a darle parte de la situación defensiva de la ciudad respecto a los famosos fuertes por medio de infiltrados. Y finalmente en Atlixco el general Leonardo Márquez a quién Zaragoza tanto le costó derrotar en Lomas de Calderón, se preparaba para unirse al invasor, obligando a don Ignacio a distraer buena parte de sus fuerzas.
La correspondencia telegráfica del general con el presidente Juárez es otra prueba más de que Zaragoza no tenía especial amor por Puebla, de hecho, se podría decir que hasta la despreciaba, tal cual lo hace notar especialmente en los días 7 y 9 de mayo especialmente, donde el general lanza, entre otras palabras, una funesta frase, “¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad lamentable. Estoy preparando mi marcha sobre el enemigo; pero acaso no lo pueda verificar oportunamente por falta de recursos”.
¿Realmente Zaragoza llevaba a Puebla en el corazón como se nos ha hecho creer?
Lo cierto es que no y de hecho se dice que Zaragoza no sentía particular afecto por Puebla, aún después de la victoria del 5 de mayo.
