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La ruptura del sentido: el puro devenir como fundamento de la ontología del acontecimiento
En el marco de la consolidación del pensamiento contemporáneo, la obra Lógica del sentido (1969) de Gilles Deleuze considerada como una pieza fundamental para comprender la transformación de la metafísica occidental. El filósofo francés propone una ruptura radical con la tradición que privilegiaba la identidad fija y el ser estático, estableciendo la "paradoja del puro devenir" como la base de su proyecto. Esta categoría instala una nueva ontología donde el movimiento y la inestabilidad son los verdaderos ejes de la realidad, marcando un momento en la historia de la filosofía contemporánea.
A través de un análisis heterodoxo de las aventuras de Alicia, de Lewis Carroll, Deleuze ilustra cómo el devenir elude constantemente el presente. En este esquema, el acto de crecer implica ser simultáneamente más grande de lo que se era y más pequeño de lo que se será, una simultaneidad que deshace la progresión lineal del tiempo. Para el autor, el presente es apenas una ilusión del "buen sentido", mientras que la realidad profunda es un devenir que tira en dos direcciones a la vez —hacia el pasado y el futuro—, rompiendo el principio de no contradicción y fusionando los opuestos en un solo proceso dinámico.
Esta relectura del tiempo se apoya en una interpretación audaz de los diálogos de Platón, específicamente del Filebo y el Parménides. Deleuze identifica un "devenir-loco" que la tradición platónica intentó marginar por considerarlo caótico y carente de medida. Sin embargo, el filósofo galo opera una inversión del platonismo: eleva este caos a categoría central y posiciona al simulacro —la copia que escapa a toda semejanza con un modelo— como la verdadera esencia de lo real. Así, la identidad y la representación pasan a ser meros efectos ópticos que ocultan la efervescencia de la diferencia pura.
El impacto de esta tesis se extiende al campo del lenguaje y la estructura del pensamiento. Deleuze argumenta que las paradojas literarias, como el castigo que precede a la falta, revelan un lenguaje liberado de su función estrictamente designativa. Al afirmar
simultáneamente dos sentidos divergentes, se destruye la dirección única que el "buen sentido" intenta imponer al mundo. Esta maniobra desarticula la lógica lineal y permite que el lenguaje exprese el "acontecimiento puro", aquel que no se deja atrapar por las convenciones de la significación unívoca y la comunicación funcional.
Bajo esta óptica, la subjetividad misma entra en una crisis irreversible. Al disolverse la fijeza del tiempo y la dirección del sentido, el "yo" pierde su sustento como sustancia inmutable. Alicia, extraviada en sus propios cambios de escala, representa la pérdida de la certeza identitaria; el sujeto deja de ser un centro soberano para convertirse en un punto de cruce de múltiples series de eventos. El individuo es ahora un efecto de superficie, un nodo atravesado por devenires que impiden cualquier intento de consolidar una identidad sustancial o permanente en el tiempo.
@_Melchisedech
