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ANÁLISIS FRÍO: CUANDO EL ENTRENADOR TAMBIÉN PIERDE DE LA ECUANIMIDAD, SERENIDAD Y REBELDÍA... A APRENDER A NO CAERSE
En Línea Deportiva
Pepe Hanan
Amigo lector...
Hace apenas una semana hablamos de tres palabras.
Ecuanimidad.
Serenidad.
Rebeldía.
Las pronunció Gerardo Espinoza después de derrotar a Santos.
Y nos parecieron perfectas para explicar lo que comenzaba a suceder con su Puebla.
Un equipo que había aprendido a recibir golpes.
A levantarse.
A responder.
Incluso a ganar partidos que se le complicaban.
Contra Pachuca estuvo 2-0 arriba, le empataron y terminó ganando 3-2.
Contra Santos estuvo dos veces abajo y terminó ganando 3-2.
Por eso titulamos:
APRENDER A GANAR.
Pues bien...
Una semana después apareció América.
Y nos recordó algo.
No siempre se puede vivir de levantarse.
Algún día...
hay que aprender a no caerse.
¿QUIÉN PERDIÓ?
América 2.
Puebla 0.
El resultado parecería completamente normal.
América tiene mayor presupuesto.
Mayor plantel.
Mayor profundidad.
Mayor jerarquía individual.
Jugó en casa.
Es líder.
Está invicto.
Y Puebla sigue siendo un equipo en construcción.
Entonces...
¿qué habría que reclamar?
Permítame.
Porque precisamente ahí comienza este APUNTE.
Yo no creo que ésta haya sido principalmente una derrota del Puebla.
Creo que esta vez...
perdió Gerardo Espinoza.
No porque haya planteado un desastre.
No porque Puebla haya sido ampliamente superado durante noventa minutos.
Mucho menos porque perder contra América represente un fracaso.
Perdió porque durante el partido aparecieron situaciones que correspondían directamente al terreno del entrenador.
Y en ese terreno...
Guillermo Almada terminó ganándole.
EL AMÉRICA QUE NO ERA EL AMÉRICA
Mire usted...
América tenía otro compromiso en la cabeza.
La Leagues Cup.
Y Guillermo Almada decidió presentar un equipo profundamente modificado.
Jóvenes.
Suplentes.
Futbolistas buscando minutos.
Nueve mexicanos en el once inicial.
No estaban de inicio todas las figuras que normalmente hacen del América un rival todavía más complicado.
Puebla tenía entonces una oportunidad.
No necesariamente la obligación de ganar.
No nos confundamos.
Pero sí una oportunidad extraordinaria para competirle antes de que apareciera...
el otro América.
Y ahí estuvo el primer problema.
Puebla no aprovechó esa ventana.
VEINTE MINUTOS QUE YA NO SON CASUALIDAD
América salió.
Puebla dudó.
América presionó.
Puebla comenzó a equivocarse.
Y volvió a aparecer algo que ya habíamos visto.
Nerviosismo.
Lo verdaderamente preocupante es que ya no lo decimos nosotros.
Lo reconoció el propio Gerardo Espinoza.
Le sucedió contra Chivas.
Contra Cruz Azul.
Y ahora...
contra América.
Los primeros quince o veinte minutos frente a este tipo de rivales le están costando demasiado al Puebla.
Perfecto.
Ya tenemos el diagnóstico.
Ahora viene la pregunta incómoda.
¿Quién tiene que corregirlo?
Porque un mal inicio puede ser accidente.
Dos...
empiezan a preocupar.
Tres...
ya empiezan a convertirse en responsabilidad.
Y los problemas repetitivos de un equipo terminan inevitablemente llegando al escritorio del entrenador.
EL PRECIO DE REGALAR MINUTOS
Minuto 23.
Tiro libre.
Rebote.
Ícaro Da Conceição.
Derechazo.
1-0.
Un muchacho de 19 años.
Primer gol en Primera División.
Y América estaba arriba.
No porque hubiera destrozado al Puebla.
Simplemente había entendido mejor el inicio del partido.
Y eso basta.
Porque contra los equipos de mayor jerarquía existe una regla elemental:
no puedes regalarles tiempo.
Mucho menos veinte minutos.
Después puedes mejorar.
Puedes competir.
Puedes reaccionar.
Pero el marcador...
ya empezó a cobrarte intereses.
¿Y LAS TRES PALABRAS?
Aquí regresamos a Santos.
Ecuanimidad.
Serenidad.
Rebeldía.
Contra América apareció claramente una de ellas.
La rebeldía.
Puebla reaccionó.
Especialmente durante el segundo tiempo.
Adelantó líneas.
Se atrevió.
Comenzó a jugar más cerca del área americanista.
Generó peligro.
Incluso encontró el que parecía ser el empate.
Gol.
1-1.
Pero apareció la bandera.
Fuera de lugar.
Anulado.
Puebla seguía vivo.
La rebeldía estaba ahí.
El problema es que la ecuanimidad y la serenidad...
habían llegado tarde.
Porque la rebeldía sirve para levantarte.
Pero la serenidad sirve para evitar...
que tengas que levantarte tantas veces.
ESPINOZA CORRIGIÓ
También hay que decirlo.
Porque aquí no se trata de pegar por pegar.
Gerardo Espinoza consiguió modificar el partido.
El Puebla del segundo tiempo fue mejor que el del primero.
Encontró espacios.
Ganó profundidad.
Comenzó a incomodar.
Dejó de parecer un equipo esperando lo que hiciera América...
y comenzó a obligar al América a preguntarse qué debía hacer con Puebla.
Eso es mérito del entrenador.
Y entonces llegamos al momento que, para mí, define el partido.
ALMADA MIRÓ SU BANCA
Guillermo Almada entendió lo que estaba sucediendo.
Puebla había crecido.
Su América alternativo empezaba a perder control.
Entonces intervino.
Miró la banca.
Y comenzaron a aparecer los nombres.
Raphael Veiga.
Isaías Violante.
Brian Rodríguez.
Después Israel Reyes.
Érick Sánchez.
Es decir...
Puebla consiguió algo.
Obligó al América a llamar a los mayores.
Y eso, para un equipo como el Puebla, no es poca cosa.
Pero había un problema.
Cuando llegaron los mayores...
El partido volvió a cambiar.
EL ENTRENADOR CORRIGIÓ AL ENTRENADOR
Ésta es, para mí, la escena fundamental.
Espinoza corrigió a Puebla.
Puebla mejoró.
Almada observó esa mejoría...
y corrigió al América.
Eso es un duelo de entrenadores.
Y esta vez...
lo ganó Almada.
Brian Rodríguez entró.
Avisó con una pelota al poste.
Y minutos después...
volvió.
Recibió.
Definió.
2-0.
Se acabó.
¿Tenía Almada mejores futbolistas en la banca?
Por supuesto.
Sería absurdo comparar los recursos.
Pero una cosa es tener las piezas...
y otra saber cuándo moverlas.
Almada las utilizó precisamente cuando Puebla vivía su mejor momento.
Y una de ellas terminó resolviendo.
AHÍ ESTUVO LA DIFERENCIA
No estoy diciendo que Espinoza haya dirigido mal todo el encuentro.
Sería injusto.
Consiguió que Puebla reaccionara.
Consiguió competir.
Consiguió incomodar.
Incluso estuvo cerca del empate.
Pero mientras Espinoza necesitó corregir un problema que su propio equipo había generado...
Almada utilizó sus cambios para corregir el crecimiento del rival.
Uno reaccionó al problema.
El otro...
reaccionó a la reacción.
Y ahí estuvo la diferencia.
HAY ALGO QUE SÍ LE RECONOZCO
Gerardo Espinoza no se escondió.
No culpó al árbitro.
No culpó al presupuesto.
No culpó a sus jugadores.
No se refugió en la diferencia de planteles.
Asumió.
Reconoció el problema de los primeros minutos.
Y aceptó su responsabilidad.
Eso habla bien de él.
Pero asumir una responsabilidad solamente tiene verdadero valor cuando después...
la corriges.
Porque ahora ya sabemos cuál es uno de los problemas del Puebla.
Y también lo sabe Gerardo.
EL PROBLEMA YA TIENE NOMBRE
Chivas.
Cruz Azul.
América.
Tres rivales importantes.
Un mismo síntoma.
Nerviosismo al inicio.
Entonces la próxima vez ya no podremos decir:
“Puebla comenzó mal.”
Tendremos que preguntar:
¿Por qué Puebla sigue comenzando mal?
Y ésa es una pregunta para el entrenador.
Porque parte de su trabajo consiste precisamente en preparar al equipo para el escenario que va a enfrentar.
Más todavía cuando sabes que tu plantilla tiene menos recursos que la del rival.
El equipo pequeño no puede regalar veinte minutos al grande.
El grande quizá sobreviva a sus errores.
El pequeño...
normalmente los paga.
NO FUE UNA MALA DERROTA
Y aquí pongamos las cosas en su lugar.
Puebla no fue humillado.
No fue exhibido.
No regresó a aquellas noches lamentables de Estados Unidos.
Compitió.
Tuvo momentos.
Hizo sufrir al América.
Obligó a Almada a modificar.
Estuvo cerca del empate.
Y perdió contra un equipo con recursos futbolísticos que Puebla simplemente no tiene.
Por eso no veo razones para incendiar nada.
Puebla llegó con diez puntos de quince.
Venía de dos victorias consecutivas.
Y sigue mostrando señales de que existe algo sobre lo cual construir.
Pero precisamente porque estamos observando un proceso...
también tenemos que señalar cuando el proceso tropieza.
APRENDER A NO CAERSE
Hace una semana dijimos que Puebla estaba empezando a aprender a ganar.
Hoy descubrimos que todavía necesita aprender otra cosa.
A no ponerse siempre en la necesidad de remontar.
Contra Pachuca pudo sobrevivir.
Contra Santos pudo levantarse dos veces.
Contra América...
ya no alcanzó.
Eso también forma parte del aprendizaje.
Un equipo puede aprender a levantarse.
Puede aprender a resistir.
Puede aprender a ganar.
Pero para seguir creciendo...
también tiene que aprender a no meterse innecesariamente en problemas.
Puebla todavía no llega ahí.
LA DERROTA DE ESPINOZA
Entonces regreso a la pregunta inicial.
¿Perdió Puebla?
Sí.
¿Perdieron los jugadores?
También.
Ellos estaban dentro de la cancha.
Pero esta derrota, amigo lector...
se la cargaría un poco más a Gerardo Espinoza.
Porque el problema inicial ya había aparecido.
Porque él mismo lo reconoce.
Porque Puebla desperdició veinte minutos frente a un América alternativo.
Y porque cuando consiguió corregir y meter a su equipo nuevamente en el partido...
el entrenador contrario volvió a mover las piezas.
En ese intercambio de decisiones...
Almada terminó ganando.
Eso también es fútbol.
Y eso también es dirección técnica.
LA SIGUIENTE PRUEBA
No me preocupa que Puebla haya perdido contra América.
Me preocuparía mucho más...
que no aprendiera por qué perdió.
La Leagues Cup enseñó a este equipo a recibir golpes.
Pachuca le enseñó a sobrevivirlos.
Santos le enseñó a devolverlos.
Y América acaba de enseñarle algo diferente:
hay rivales contra los cuales no alcanza con reaccionar.
Hay que estar preparado...
desde el primer minuto.
Ecuanimidad.
Serenidad.
Rebeldía.
Las tres siguen siendo necesarias.
Pero quizá después de América tengamos que agregar una cuarta.
Concentración.
Porque la rebeldía puede rescatarte.
La serenidad puede ordenarte.
La ecuanimidad puede mantenerte dentro del partido.
Pero ante los grandes...
si despiertas veinte minutos tarde...
quizá cuando quieras levantarte...
el partido ya se fue.
Gerardo Espinoza ya identificó el problema.
Ahora viene lo verdaderamente importante.
Corregirlo.
Porque una vez puede ser accidente.
Dos pueden ser advertencia.
Pero tres...
ya son responsabilidad.
Mientras tanto, nosotros...
VEREMOS Y DIREMOS.
Hasta la próxima.
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"BUSCANDO AL HOMBRE NÚMERO 22..."
En Línea Deportiva
Pepe Hanan
(Los Secretos que separan a un Entrenador de un Campeón del Mundo)
El error que cometemos con Rafa Márquez es confundir a un entrenador con un verdadero Seleccionador Nacional.
Amigo lector, la semana pasada sostuve en este mismo espacio que Rafa Márquez aún no está listo para convertirse en el próximo Seleccionador Nacional rumbo al Mundial de 2030.
Muchos estuvieron de acuerdo.
Otros no.
Y es perfectamente normal.
Porque cuando se toca a una figura del tamaño de Rafa, las opiniones suelen dividirse.
Sin embargo, después de aquella columna me quedó una pregunta dando vueltas en la cabeza.
¿Qué es exactamente un Seleccionador Nacional?
¿Y qué diferencia existe entre un entrenador exitoso y un hombre capaz de conducir a todo un país hasta conquistar una Copa del Mundo?
Por eso decidí revisar la historia de todos los campeones mundiales desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022.
Analizar quiénes fueron.
Cómo llegaron.
Qué características compartían.
Y sobre todo entender qué convierte a un hombre en un verdadero Seleccionador Nacional.
La conclusión es contundente.
Los Mundiales no los ganan los entrenadores.
Los ganan los Seleccionadores.
Y la diferencia entre unos y otros es mucho más grande de lo que imaginamos.
Porque una cosa es dirigir un equipo.
Otra muy distinta es conducir el destino futbolístico de una nación entera durante un proceso de cuatro años.
Y la historia demuestra que muy pocos hombres han sido capaces de hacerlo.
Los resultados son sorprendentes.
Mire usted.
Desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022 se han disputado veintidós Copas del Mundo.
Sin embargo, solamente veintiún hombres han logrado sentarse en el banquillo de una selección campeona.
Es un hombre menos que copas disputadas.
Porque Vittorio Pozzo continúa siendo el único ser humano capaz de ganar dos Copas del Mundo consecutivas.
Italia 1934.
Italia 1938.
Noventa años después nadie ha podido repetir semejante hazaña.
Así de difícil es ganar un Mundial.
Así de exclusivo es ese club.
Aunque quizás exista una excepción, el Flaco Menotti Ganó la copa de 1978 y tuvo mucho que ver en la Copa de 2022.
Atrás del telón, Menotti era la mano que mecía la cuna Argentina y el "oráculo" al que todas las mañanas y todas las noches recurrían Scaloni y su cuerpo técnico para encontrar respuestas cuando aparecían las dudas.
Y aquí aparece la primera gran conclusión.
Los Mundiales no se ganan por accidente.
No se ganan por suerte.
No se ganan únicamente por tener buenos futbolistas.
Los Mundiales son la culminación de proyectos deportivos que normalmente tardan años en construirse.
Por eso resulta tan interesante estudiar a los hombres que estuvieron detrás de cada título.
Porque cuando uno analiza a Vittorio Pozzo, Mario Zagallo, Franz Beckenbauer, César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Vicente del Bosque, Didier Deschamps o Lionel Scaloni descubre algo muy particular.
Todos eran diferentes.
Algunos eran obsesivos de la táctica.
Otros privilegiaban el manejo de grupo.
Algunos apostaban por la posesión.
Otros por el orden defensivo.
Sin embargo, todos compartían algo.
Conocían perfectamente el entorno que estaban dirigiendo.
Y eso nos lleva a un dato que me parece brutal.
En casi cien años de historia mundialista ningún entrenador extranjero ha logrado ser Campeón del Mundo dirigiendo una selección distinta a la de su país de origen.
Ninguno.
Cero.
La estadística es contundente.
Y nos habla de algo que muchas veces subestimamos.
La identidad.
La cultura.
La comunicación.
La capacidad de interpretar el sentir de un vestidor y de una nación entera.
Por eso ser Seleccionador Nacional implica mucho más que saber de fútbol.
Implica representar una manera de entender el fútbol.
Y también una manera de entender a un país.
Ahora bien.
Existe otro aspecto que pocas veces se analiza.
La influencia real que tiene un Seleccionador durante una Copa del Mundo.
Porque tampoco debemos caer en el error de creer que todo depende de él.
Los jugadores siguen siendo los protagonistas.
Son ellos quienes ejecutan.
Son ellos quienes toman decisiones dentro del campo.
Pero conforme avanza un Mundial el peso específico del Seleccionador crece de manera considerable.
Para un servidor, durante la fase de grupos la influencia del técnico ronda entre un 25 y un 30 por ciento.
Es la etapa donde administra cargas físicas.
Gestiona emociones.
Evita excesos de confianza.
Corrige errores.
Y protege al grupo de las turbulencias externas.
Pero cuando llega la eliminación directa todo cambia.
Porque desaparece el margen de error.
Ya no existe mañana.
Y ahí la influencia del Seleccionador aumenta aproximadamente hasta un 40 por ciento.
Cada modificación cuenta.
Cada ajuste táctico pesa.
Cada decisión puede definir el destino de una generación completa.
Es la etapa donde aparecen las lecturas finas.
Las correcciones sobre la marcha.
Las decisiones valientes.
Y finalmente llegamos al partido más importante de todos.
La Gran Final.
Para un servidor es ahí donde el Seleccionador alcanza su máxima influencia.
Cincuenta por ciento.
Sí.
La mitad del resultado.
Porque una Final del Mundo ya no se juega únicamente con las piernas.
Se juega con la cabeza.
Con la personalidad.
Con la experiencia.
Con el manejo emocional.
Con la capacidad de soportar una presión que pocos seres humanos experimentan en su vida.
Por eso los grandes Seleccionadores terminan convirtiéndose en auténticos líderes de grupos humanos.
No solamente en entrenadores.
Y si el encuentro llega al tiempo extra, la responsabilidad vuelve a incrementarse.
Porque en ese momento aparece el agotamiento.
La fatiga.
La desesperación.
La incertidumbre.
El marcador empieza a ceder terreno ante la psicología.
Y si la definición llega a los penales, entonces el Seleccionador debe convertirse en un gestor de emociones.
Muchos dicen que los penales son un volado o una lotería.
Para un servidor no lo son.
Existe suerte, por supuesto.
Pero también existe preparación.
Existe análisis.
Existe liderazgo.
Existe capacidad, para identificar quién está preparado emocionalmente para soportar la presión.
Por algo las finales mundialistas definidas desde el manchón penal fueron ganadas por Carlos Alberto Parreira en 1994, Marcello Lippi en 2006 y Lionel Scaloni en 2022.
Y existe otro dato fascinante.
Ninguna Final de Copa del Mundo se ha definido en muerte súbita.
Todas quedaron resueltas dentro de la serie reglamentaria de cinco disparos.
Lo cual nos habla de preparación.
De planeación.
Y de capacidad para trabajar los detalles.
Porque los Mundiales suelen decidirse precisamente en los detalles.
Ahora bien.
Si existe una nación que ha producido algunos de los mejores Seleccionadores de la historia, esa es Argentina.
Y aquí entran dos personajes fundamentales para entender el fútbol moderno.
César Luis Menotti.
Y Carlos Salvador Bilardo.
Dos hombres completamente distintos.
Dos escuelas opuestas.
Dos maneras diferentes de entender el juego.
Menotti defendía la creatividad.
La posesión.
La iniciativa.
El respeto por la pelota.
Bilardo defendía la estrategia.
La preparación extrema.
El detalle.
La obsesión competitiva.
Durante décadas dividieron al fútbol argentino.
Pero ambos terminaron conquistando exactamente el mismo lugar.
La cima del mundo.
Y eso demuestra algo extraordinario.
No existe una única receta para ganar un Mundial.
Lo que sí existe es una condición indispensable.
Convencer a un grupo entero de creer.
Porque el Primer Convencido de que puede ganar la Copa del Mundo siempre es el Seleccionador.
Hoy mismo le puedo decir que de los 48 Seleccionadores que iniciaron esta Copa del Mundo, no más de cinco están verdaderamente convencidos de que vinieron a ganarla. Y de esos cinco, el corazón de uno late con más fuerza que el de los otros cuatro.
¿Usted amigo lector cuál cree que será?
Porque cuando un Seleccionador logra unir 26 voluntades en torno a su mente y corazón, el equipo adquiere una fuerza que trasciende cualquier sistema táctico.
Y precisamente ahí aparece Lionel Scaloni.
Porque resulta muy sencillo analizar al campeón después de levantar la Copa.
Lo difícil es recordar cómo comenzó la historia.
Scaloni llegó rodeado de dudas.
Sin títulos.
Sin experiencia importante en clubes.
Sin el respaldo popular.
Muchos lo consideraban un técnico interino.
Una solución temporal.
Un experimento.
Y fue entonces cuando apareció una figura decisiva.
César Luis Menotti.
El Flaco observó algo que muchos no alcanzaban a ver.
Detectó liderazgo.
Detectó inteligencia.
Detectó capacidad para gestionar grupos.
Y decidió respaldarlo.
Lo protegió.
Lo acompañó.
Lo sostuvo.
Cuando buena parte de la prensa argentina cuestionaba el proyecto, Menotti actuó como escudo institucional.
Y eso también forma parte de una estructura seria de Selecciones Nacionales.
Porque los proyectos exitosos necesitan tiempo.
Necesitan paciencia.
Necesitan convicción.
Necesitan respaldo.
Y sin ese respaldo difícilmente habría existido la llamada "Scaloneta".
Sin embargo, la historia más poderosa de Qatar 2022 ocurrió lejos de las cámaras.
Ocurrió dentro del vestidor.
Horas antes de disputar la Final frente a Francia.
Y aquí es donde aparece una de esas historias que explican por qué los Mundiales no se ganan únicamente con pizarrones tácticos.
De acuerdo con distintos relatos surgidos alrededor de aquel proceso, la emoción terminó por desbordar a integrantes importantes del cuerpo técnico argentino.
Lionel Scaloni.
Pablo Aimar.
Walter Samuel.
Fueron presa de un momento de emociones acumuladas que solo encontraron la manera de liberarse rompiendo en llanto.
Hombres que llevaban años construyendo ese sueño.
Hombres que entendían perfectamente lo que estaba en juego.
No solamente para ellos.
También para Lionel Messi.
Porque probablemente era su última oportunidad de convertirse en Campeón del Mundo.
Y los jugadores observaron aquella escena.
Lejos de interpretarla como una muestra de debilidad, entendieron algo completamente diferente.
Entendieron compromiso.
Entendieron honestidad.
Entendieron entrega absoluta.
Y según cuentan quienes estuvieron cerca de aquel grupo, fue ahí donde se fortaleció todavía más un pacto interno.
Un pacto de lealtad.
Una promesa silenciosa.
Una convicción compartida.
Messi no podía quedarse sin Copa del Mundo.
El "Mariscal Argentino" tenía que convertirse en CAMPEÓN del MUNDO.
Después de todo lo que había entregado a la Selección.
Después de tantos años soportando críticas.
Después de una final perdida.
Y por eso Argentina jugó aquella Final como la jugó.
Con intensidad.
Con determinación.
Con una entrega absoluta.
Porque cuando los grupos creen alrededor de su líder son capaces de realizar cosas extraordinarias.
Y cuando los líderes creen en su grupo ocurre exactamente lo mismo.
Por eso para un servidor la conquista argentina no puede explicarse únicamente desde la táctica.
Claro que existieron decisiones tácticas brillantes.
La utilización de Di María.
Los ajustes frente a Croacia.
Las modificaciones ante Países Bajos.
Todo eso fue importante.
Pero también existió algo más difícil de medir.
Unidad, Confianza, Sentido de pertenencia. Convicción.
Y esas son precisamente las herramientas más valiosas de un gran Seleccionador.
Porque los buenos entrenadores construyen equipos.
Los grandes Seleccionadores construyen causas.
Y cuando un grupo encuentra una causa común puede superar prácticamente cualquier obstáculo.
Por eso la imagen final de Qatar tiene tanto significado.
Terminó el partido.
Argentina era Campeón del Mundo.
Messi abrazó a Scaloni.
Y según relatan quienes estuvieron cerca de aquella celebración, sus palabras fueron simples.
Pero profundamente poderosas.
"Disfrútalo, Leo".
Nada más.
Dos palabras.
Pero en esas dos palabras viajaban años de trabajo.
Años de críticas.
Años de presión.
Años de convicción.
El mejor futbolista del planeta estaba reconociendo públicamente a quien había dirigido el proyecto.
Y ahí se encuentra la verdadera esencia de esta historia.
Los Mundiales no se improvisan.
Los campeones tampoco.
Y los Seleccionadores mucho menos.
Por eso inevitablemente regreso al punto donde iniciamos esta conversación.
Rafa Márquez.
¿Puede llegar a ser Seleccionador Nacional?
Por supuesto que sí.
Estoy convencido.
Tiene liderazgo, personalidad, prestigio.
Tiene carácter.
Tiene jerarquía.
Pero todavía le falta recorrer el camino más difícil.
El que recorrieron Pozzo.
Menotti.
Bilardo.
Beckenbauer.
Del Bosque.
Deschamps.
Y Scaloni.
El camino de la gestión.
El camino de la construcción de grupos.
El camino de las decisiones imposibles.
Porque dirigir una Selección Nacional no consiste únicamente en saber de fútbol.
Consiste en saber conducir hombres.
Consiste en administrar crisis.
Consiste en sostener proyectos cuando todos piden destruirlos.
Consiste en tomar decisiones cuando nadie más quiere hacerlo.
Consiste en ganar cuando nadie cree.
Y también en perder cuando todos señalan.
Por eso los entrenadores ganan partidos.
Los grandes entrenadores ganan campeonatos.
Pero los verdaderos Seleccionadores construyen algo mucho más difícil.
Construyen legado.
Construyen historia.
Construyen eternidad.
Y créame amigo lector.
Muy pocos lo consiguen.
Veremos en esta Copa del Mundo quien va a ser el "Inspirador" que lleve a los que creen ciegamente en él.
A alcanzar la "Gloria Eterna" por qué una cosa es segura ese selecto club de 21 hombres está esperando al número 22.
¿Qué tan lejos o qué tan cerca está un mexicano de poder ser parte de ese selecto club?
A Rafa le falta mucho camino por recorrer y aprender para poder hacerse cargo de semejante encomienda.
Pero Javier Aguirre esta ante la última oportunidad de su vida, de dejar Legado y Trascendencia ya que, con el silbatazo final del 19 de Julio, el Vasco se retira y deja atrás 30 años (96-26) de asumir la responsabilidad del banquillo.
Estará en posibilidades de pedirle al destino que lo considere para ingresar al Selecto Club de los CAMPEONES DEL MUNDO...
¿Usted qué cree Amigo Lector...?
Yo le diré mi opinión en la próxima entrega...
Por lo pronto disfrutemos de estas dos primeras fechas de la Ronda de Grupos...
Mientras tanto...
VEREMOS Y DIREMOS...
Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.
Hasta la próxima.
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Entrenador de GYM Sports World en Edomex abusa de su clientas en 'chequeo'
Un entrenador del gimnasio de la cadena Sports World, ubicado en el Estado de Mexico (Edomex), es acusado de abusar sexualmente de sus clientas bajo el argumento de un ‘chequeo físico’.
