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En los suelos secos de la cuenca del río Balsas, en Puebla, fue identificada una serpiente hasta ahora desconocida para la ciencia, tan singular que no sólo representa una nueva especie, sino un nuevo género. Se trata de Yakacoatl tlalli, una serpiente subterránea y escurridiza que había pasado inadvertida.
A partir de análisis genéticos, morfológicos y anatómicos, la investigación publicada en la revista PLOS One demostró que estos ejemplares no pertenecen a ningún género descrito previamente, sino a un linaje evolutivo propio dentro del grupo de las serpientes Sonorini.
Para Antonio Yolocalli Cisneros Bernal, profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México y director de Totlok, una asociación civil enfocada en la conservación de especies, el hallazgo confirma que México sigue siendo un epicentro mundial de biodiversidad y revela cuánto falta aún por conocer de los ecosistemas secos del país.
“Describir especies es relativamente común en herpetología, la ciencia que estudia anfibios y reptiles; se describen entre cinco y seis cada año. Sin embargo, un nuevo género es mucho más complicado, porque se trata de una categoría más arriba. Es como tener un recipiente más grande, donde uno puede colocar varias especies”, afirmó.
Otro aspecto de esta investigación es que, a diferencia de otros taxones que han sido descritos por ingleses, franceses o estadunidenses, éste es el primer género descrito sólo por latinoamericanos.
En México, se han reportado 34 géneros de serpientes fosoriales, cuya principal característica es que pasan la mayor parte de su vida bajo tierra y, por lo tanto, son especialmente difíciles de observar. Dentro de los géneros detectados en el país, cuatro son endémicos (Conopsis, Geagras, Pseudoficimia y Sympholis) y en conjunto se conocen como serpientes excavadoras de la tribu Sonorini.
No obstante, los dos especímenes de serpientes Sonorini halladas durante la exploración científica no pudieron asignarse a algún género conocido de la tribu ni a tampoco a otro taxón de serpientes. Yakacoatl tlalli tiene un hocico ligeramente levantado, formado por una escama frontal que se inclina hacia arriba y le da una apariencia de “nariz respingada”.
Además, el vientre presenta más de 150 escamas y la cola está formada por poco más de 35 pares de escamas, un patrón distinto al de sus parientes cercanos. En el cráneo, los huesos situados sobre la nariz son cortos y robustos y la parte posterior de la cabeza carece de una cresta ósea, lo que contribuye a una forma más compacta.
Para llegar a la conclusión de que se trataba de un género y especie nuevos, los científicos analizaron su morfología externa e interna mediante calibradores digitales y tomografías computarizadas. Los datos obtenidos se compararon con otros géneros mexicanos, lo que constató las diferencias.
Asimismo, se hizo extracción de ADN y un análisis filogenético de la tribu Sonorini. Los resultados permitieron reconstruir el “árbol familiar” de este grupo de serpientes mexicanas y mostraron con claridad cómo se relacionan entre sí. Se confirmó que los ejemplares encontrados en la cuenca del Balsas, en Puebla, forman un grupo propio y compacto.
Los datos revelaron que Yaka-coatl tlalli está emparentada con la serpiente Pseudoficimia frontalis, pero a la vez es distinta. Ambas están relacionadas con otra especie poco común, Sympholis lippiens, lo que ubica a la nueva serpiente en una rama muy específica del árbol evolutivo.
El nombre Yakacoatl proviene del náhuatl yacatl, que significa nariz, haciendo referencia a su pronunciada escama rostral, que asemeja a una nariz puntiaguda, y coatl, que significa serpiente, mientras tlalli es tierra y alude a los presuntos hábitos fosoriales de la especie.
Debido a que los dos ejemplares fueron localizados muertos, se desconoce gran parte de su historia natural. Algunas características morfológicas llevan a los especialistas a inferir una dieta especializada en artrópodos: ciempiés, arañas y escorpiones. Pero no se tiene un diagnóstico sobre su estado de conservación, aunque se estima que podría ser vulnerable a la perturbación humana del territorio.
“Si bien existen géneros altamente tolerantes a perturbaciones y con abundancias relativamente altas, consideramos que éste no es el caso de . Por la evidencia morfológica y la localidad del hallazgo, creemos que esta especie suele habitar zonas xerófilas del área, enterrada bajo rocas o troncos”, se informa en el artículo.
México posee la segunda biodiversidad de reptiles más rica del mundo, superada únicamente por Australia. Existen más de 950 especies de reptiles mexicanos reconocidas, de las cuales más de 50 por ciento se consideran endémicas del país, una cifra que cada año aumenta gracias a nuevos descubrimientos.
De 2020 a la fecha, al menos 58 taxones de serpientes mexicanas han sido resucitados, descritos o elevados a partir de la detección de nuevas poblaciones previamente desconocidas por la ciencia. Con el reconocimiento de Yakacoatl, ahora hay 16 géneros de serpientes endémicas de México, lo que representa 18 por ciento de la diversidad de serpientes actualmente conocida en el país.
Este nuevo género y especie demuestra que la exploración científica no ha terminado ni siquiera en los paisajes que han sido estudiados durante décadas.

