En el municipio de Atlixco se realizó la “Procesión de los Engrillados” tras dos años de ser suspendida por la pandemia de Covid-19, con un total de 20 participantes quienes profesaron su fe en el templo de San Francisco.
Desde muy temprano se dieron cita en dicho lugar para preparar las cadenas, espinas y vestimenta que utilizarían para la procesión, donde poco a poco se despojan de sus ropas para quedarse en taparrabo y pañuelo en la cara de color vino, con todo lo demás al descubierto, ya que sus piernas y brazos serán lienzos para las espinas que quedarán incrustadas por varias horas, su espalda y pecho fueron cubiertos con cadenas delgadas o gruesas que en algunos casos alcanzaban los 50 kilos de pesos.
En esta ocasión el atrio del exconvento fue el mejor escenario para mostrar su fe, sin invitados, sin familiares, sin espectadores, sin turistas y sin creyentes, donde el silencio hizo más complicado su andar, pero sobre objetivo primordial era salvaguardar a las personas de posibles contagios.
Roberto, uno de los participantes aseguró que participar por sexto año, lo hace sentir vivo y feliz de saber que “vive en Dios y con Dios”, que el dolor que pueda sentir con las espinas y el cansancio por el peso de las cadenas no supera el agradecimiento que tiene por los favores recibidos.
“Realmente es un sentimiento hermoso estar con Dios, es un sentimiento que es personal, realmente es algo que solo uno lo puede sentir, una libertad, una tranquilidad, con Dios, con todos, con nuestros hermanos, porqué lo hago, porqué hace tiempo hice una manda la estoy terminando de cumplir, pero voy a seguir hasta que Dios me lo permita”.
