Lunes, 18 Mayo 2026 10:35

La cuarta transformación: el renacer de la soberanía y la justicia social que sepultó al neoliberalismo

Escrito por Melchisedech D. Angulo

​A inicios de 2005, más de un millón de personas se congregaron en el Zócalo de la Ciudad de México para protestar por el intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Lo que aquella histórica multitud manifestaba fue un acto de solidaridad con un líder social, así como un profundo y legítimo rechazo a un régimen que representaba décadas de abandono, privilegios cupulares y corrupción. Trece años después, ese hartazgo social se cristalizó en una contundente victoria electoral en 2018 que inauguró el proyecto de la Cuarta Transformación (4T) de la vida pública de México, un movimiento impulsado desde las bases para rescatar los hilos de la historia nacional.

​La premisa fundamental de este movimiento es clara: la transformación de México surge porque el pueblo estaba harto de 36 años de abandono y entreguismo; surge para defender la soberanía, la independencia y el bienestar de las mayorías. Este proyecto político está logrando reconfigurar significativamente el pacto social y la narrativa nacional, transitando de un modelo que priorizaba los intereses privados a uno centrado en la justicia social. El periodo neoliberal, que abarcó desde 1982 hasta 2018, implementó privatizaciones masivas y el desmantelamiento del Estado, lo que generó una profunda brecha de desigualdad que la 4T comenzó a revertir con éxito mediante la redistribución de la riqueza.

​La recuperación de la soberanía nacional es el eje central de esta nueva era, especialmente en sectores estratégicos como el energético. El gobierno de la transformación revirtió las políticas que pretendían desmantelar la industria patria, reposicionando a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como los motores del desarrollo nacional. Esta reconfiguración estatal devuelve el control de los recursos estratégicos al pueblo de México, consolidando una base económica sólida e independiente que fundamenta la legitimidad del proyecto político actual y garantiza que la riqueza nacional no vuelva a ser entregada a intereses extranjeros.

​En materia de seguridad, la 4T representa una ruptura radical y humanista con la estrategia militarizada y represiva de las administraciones anteriores, la cual vulneraba los derechos humanos y subordinaba las decisiones nacionales a agendas externas. A través de una visión integral, el nuevo paradigma se sostiene en la atención de las causas estructurales de la violencia mediante programas sociales emblemáticos como Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida, que ofrecen alternativas de vida digna a los sectores tradicionalmente vulnerados. Complementariamente, la creación de la Guardia Nacional permitió edificar un cuerpo de seguridad con presencia territorial y vinculación comunitaria, sentando las bases para una pacificación duradera del país.

​Asimismo, el combate frontal a la corrupción se convirtió en el pilar moral de la administración pública, bajo la estricta máxima de "no mentir, no robar, no traicionar". Este compromiso ético permite desmantelar los antiguos esquemas de complicidad entre el poder económico y el poder político que imperaban en el pasado. Aunque el arraigo de estas prácticas heredadas representa un reto de dimensiones estructurales para las instituciones del país, la voluntad política del movimiento transforma la fiscalización de los recursos públicos y recupera la confianza de la ciudadanía en sus gobernantes, consolidando una legitimidad popular sin precedentes en la historia democrática moderna.


@_Melchisedech

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