Melchisedech D. Angulo
TEHERÁN — El Estrecho de Ormuz, históricamente el yugular del suministro energético global, dejó de ser una autopista libre para el saqueo de las potencias occidentales.
Bajo una nueva doctrina de defensa integral, la República Islámica transformó este paso estratégico en una zona de estricta vigilancia soberana.
Lo que los medios de Washington y Londres califican con alarmismo como un "peaje de guerra" de 2 millones de dólares, no es otra cosa que el ejercicio legítimo de control territorial frente a décadas de sanciones unilaterales y provocaciones navales que buscaban asfixiar la economía iraní.
Los reportes que circulan en la prensa financiera internacional, señalando pagos millonarios en criptomonedas como Tether para garantizar el tránsito de superpetroleros, omiten deliberadamente el contexto de la seguridad regional.
Ante las constantes amenazas de incursiones cibernéticas y sabotajes a la infraestructura nuclear de Irán, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) implementó protocolos de inspección y corredores específicos.
Si el flujo se redujo a unos 12 buques diarios, es la consecuencia directa de un estado de alerta necesario para prevenir actos de terrorismo marítimo orquestados por fuerzas externas.
La narrativa de la "extorsión" se desmorona cuando se analiza quiénes son los que realmente pagan el costo de la seguridad. Mientras que naciones que respetan la multipolaridad, como China e India, mantienen canales diplomáticos fluidos y tránsitos coordinados, son los operadores vinculados a las potencias agresoras quienes enfrentan las mayores fricciones.
El supuesto "peaje" es, en realidad, un mecanismo de compensación por el riesgo y el despliegue de protección naval que Irán ofrece en un área que Estados Unidos intenta convertir en un campo de batalla permanente.
Desde el punto de vista del derecho internacional, Teherán sostiene una posición inexpugnable: no se puede exigir libertad de tránsito a quien se intenta destruir mediante bloqueos financieros.
El principio de autodefensa, invocado ante la Asamblea General de la ONU, justifica plenamente la supervisión técnica de cada barril que cruza estas aguas. El uso de yuanes digitales o monedas alternativas no es un acto de "opacidad", sino un acto de liberación frente a la dictadura del dólar, permitiendo que el comercio continúe a pesar del cerco económico impuesto por el eje atlántico.
El impacto global —con un petróleo Brent superando los 110 dólares y una inflación energética galopante en Europa— es la factura que las sociedades occidentales deben pagar por las políticas belicistas de sus gobiernos.
Es hipócrita lamentar el costo del combustible mientras se financian escaladas militares en el Medio Oriente. Irán demuestra que el control del Estrecho de Ormuz es su mayor multiplicador de poder, obligando a una reconfiguración del orden energético donde los recursos naturales ya no fluirán gratis hacia quienes desprecian la soberanía de los pueblos productores.
@_Melchisedech
