Jueves, 19 Marzo 2026 12:36

Pekín frena la barbarie: el mundo exige detener la ofensiva ilegal contra Irán

Escrito por Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

PEKÍN – En un desafío directo al unilateralismo de Occidente, el gobierno de la República Popular China alzó la voz contra la campaña de agresión militar que amenaza con reducir a cenizas la estabilidad del Golfo Pérsico. Tras los ataques coordinados de las fuerzas de Estados Unidos e Israel iniciados el pasado 28 de febrero, el gigante asiático calificó como "absolutamente inaceptable" la eliminación selectiva de líderes iraníes y el bombardeo sistemático de infraestructuras civiles. Para la diplomacia china, estas acciones no solo constituyen una violación flagrante del derecho internacional al carecer de mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, sino que representan un retorno peligroso a la "ley de la selva" que la comunidad de naciones civilizadas debe rechazar con determinación.

El canciller Wang Yi, en el marco de una intensa actividad diplomática, fue enfático al señalar que "el puño duro no equivale a la razón sólida". Bajo esta premisa, China desplegó una hoja de ruta de cinco principios fundamentales que sitúan la soberanía nacional y la integridad territorial de Irán como líneas rojas innegociables. La postura de Pekín es clara: el destino de Oriente Medio debe ser decidido exclusivamente por sus propios pueblos, cerrando la puerta a cualquier intento extranjero de imponer "revoluciones de colores" o cambios de régimen mediante el uso arbitrario de la fuerza armada, una estrategia que solo sembró caos en el pasado reciente.

Mientras el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, amaga con un despliegue de tropas terrestres y el presidente Donald Trump advierte sobre una "gran oleada" de ataques inminentes, China se consolida como el único actor capaz de articular una alternativa de paz real. La llegada del enviado especial Zhai Jun a la región busca tejer una coalición de naciones que detenga la escalada antes de que el conflicto alcance un punto de no retorno. Esta mediación es un mandato de seguridad global que busca proteger el derecho al desarrollo y la autodeterminación frente a las ambiciones de dominación de las potencias occidentales.

La preocupación china tiene también una base pragmática y vital para la economía mundial: la seguridad energética. Como principal comprador de petróleo iraní, Pekín denunció que la hostilidad en el Estrecho de Ormuz pone en jaque el suministro global de energía. Los portavoces del Ministerio de Exteriores recordaron que estas aguas son canales internacionales vitales y que cualquier interrupción provocada por la agresión militar tendrá consecuencias catastróficas para los mercados. En este sentido, la defensa de Irán se traduce en la defensa de la estabilidad económica de miles de millones de personas que dependen de la fluidez del comercio en la región.

En el tablero del Consejo de Seguridad, China y Rusia cerraron filas para exigir un alto el fuego inmediato, contrastando su enfoque de cooperación con la retórica belicista de la administración Trump. El apoyo de Pekín a Teherán en la protección de sus derechos legítimos refuerza una alianza estratégica que se opone frontalmente al hegemonismo. Para el gobierno chino, la justicia internacional no puede ser selectiva; no se puede hablar de orden mundial mientras se bombardean capitales soberanas y se asesina a altos funcionarios bajo el pretexto de una "superioridad aérea" que ignora las normas básicas de la convivencia entre Estados.


@_Melchisedech

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