Sábado, 14 Febrero 2026 16:22

La metafísica del amor y de la muerte en Arthur Schopenhauer: voluntad, especie e individuo

Escrito por Redacción

Por Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

​La filosofía de Arthur Schopenhauer se consolida hoy como un pilar fundamental para comprender la tensión entre el deseo individual y las fuerzas colectivas que rigen la existencia. En su obra cumbre, El mundo como voluntad y representación, el pensador alemán establece que detrás del velo de la realidad cotidiana opera la "Voluntad": una fuerza ciega e incesante que constituye la verdadera esencia del universo.

Bajo esta premisa, el ser humano deja de ser un agente totalmente autónomo para convertirse en una manifestación de este impulso universal, donde el amor y la muerte no son eventos aislados, sino los mecanismos precisos con los que la naturaleza asegura su propia continuidad a expensas de la individualidad.

En el ámbito del romance, Schopenhauer desmitifica el sentimiento amoroso al definirlo como una ingeniosa estrategia de la especie. Lo que el individuo experimenta como una conexión espiritual sublime es, en rigor, el "genio de la especie" operando para garantizar la procreación de los sujetos más aptos. Esta perspectiva sugiere que el enamoramiento es una ilusión teleológica; una trampa metafísica donde el sujeto cree perseguir su propia felicidad cuando, en realidad, está sacrificando su bienestar personal en favor de un fin biológico transindividual.

Así, la pasión no es sino la afirmación más enérgica de la voluntad de vivir, utilizando al individuo como una herramienta desechable para la preservación del grupo.

​La muerte, por otro lado, se presenta en este sistema no como una aniquilación absoluta, sino como la disolución del error de la individualidad. Mientras que el fenómeno —nuestro cuerpo y conciencia particular— perece, la Voluntad subyacente permanece indestructible y eterna. Para Schopenhauer, el miedo al fin de la vida nace de una identificación equivocada con el principium individuationis (espacio y tiempo).

Al morir, el individuo simplemente abandona la forma fragmentada que lo separaba del resto del mundo, revelando que la distinción entre el "yo" y los "otros" es una barrera puramente superficial que se desvanece ante la unidad metafísica de lo real.

​La relación entre estos dos conceptos —amor y muerte— revela la estructura circular y trágica de la condición humana. El amor nos encadena a la existencia mediante la ilusión, asegurando que nuevos seres tomen el relevo en el escenario del mundo; la muerte retira a quienes ya han cumplido su función procreativa o vital. Esta dinámica subraya la indiferencia de la Voluntad hacia el sufrimiento del sujeto particular.

La vida se describe entonces como una deuda contraída al nacer que se liquida al morir, manteniendo siempre al "acreedor" —la Voluntad— en una posición de dominio absoluto sobre la trayectoria del hombre.

​El impacto de estas ideas ha sido vasto, cimentando las bases del pesimismo ético y de corrientes psicológicas modernas. La noción de que fuerzas inconscientes dirigen nuestras decisiones más íntimas anticipó los descubrimientos del psicoanálisis freudiano, mientras que su crítica a la autonomía racional influyó profundamente en la voluntad de poder de Nietzsche.

Para Schopenhauer, la única salida a este ciclo de servidumbre no se encuentra en la satisfacción del deseo, sino en la negación de la Voluntad a través del arte, la compasión y el ascetismo, permitiendo al hombre trascender su papel de simple instrumento natural.

@_Melchisedech

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