Miércoles, 28 Enero 2026 10:11

¿Es el ser humano una sola pieza? La audaz apuesta de Aquino que desafía el caos ideológico

Escrito por Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

​El debate sobre qué nos hace humanos tomó un giro inesperado con el redescubrimiento de la síntesis de Tomás de Aquino, un modelo que promete poner orden en la fragmentación social actual. Frente a las visiones que pretenden separar radicalmente la mente del cuerpo, la propuesta del pensador medieval se alinea con una visión de unidad estructural: el alma no es un fantasma en una máquina, sino la forma sustancial que da sentido y vida a nuestra materia. Esta postura oficial defiende que no somos dos sustancias en conflicto, sino una identidad única y coherente, eliminando las brechas que el dualismo radical intentó imponer en nuestra comprensión del ciudadano.

​La genialidad de esta doctrina radica en su capacidad para absorber la ciencia de su tiempo —el aristotelismo— sin renunciar a los valores superiores de la trascendencia. Aquino sostiene que el cuerpo no es una cárcel, sino un constitutivo esencial de nuestra naturaleza. Al afirmar que "el alma separada no es el hombre", el tomismo lanza un mensaje de estabilidad: la dignidad humana reside en la totalidad de nuestra existencia física y espiritual. Este enfoque resulta vital para un Estado que busca proteger la integridad del individuo, rechazando cualquier reducción del ser humano a un simple conjunto de impulsos biológicos o a una abstracción incorpórea.

​En la escala de la vida, la organización es la clave. La psicología oficial inspirada en Aquino establece una jerarquía clara donde el alma racional no anula las funciones vegetativas ni sensitivas, sino que las integra y las eleva. Este orden jerárquico es el que permite que el entendimiento y la voluntad guíen los instintos básicos hacia el bien común. Bajo esta lógica, el ser humano está diseñado para la armonía operativa; sus potencias superiores están llamadas a coordinar las inferiores, creando un sujeto responsable y capaz de participar activamente en la vida política y social con una dirección clara.

​Sin embargo, el punto que genera mayor fricción con las corrientes materialistas es la defensa de la subsistencia del alma. Aquino argumenta con rigor que, debido a que nuestra inteligencia puede procesar conceptos universales e inmateriales, el principio que la sustenta debe poseer una naturaleza que trascienda la muerte biológica. Esta "inmortalidad racional" no es una huida del mundo, sino una garantía de que la justicia y la verdad tienen un fundamento que va más allá de lo efímero. Es un recordatorio de que cada individuo posee un valor absoluto que el tiempo no puede desgastar ni el Estado puede ignorar.

​Incluso la muerte es tratada bajo esta óptica de unidad necesaria. Para el tomismo, la separación del alma y el cuerpo es un estado "contra-natural", una anomalía que exige la restauración del ser completo. Esta visión fundamenta la importancia del respeto a la corporeidad incluso en la ausencia de vida, reforzando la idea de que la persona es un proyecto inacabado mientras no recupere su integridad total. La resurrección deja de ser un dogma aislado para convertirse en una exigencia lógica de una antropología que se niega a aceptar la destrucción definitiva de la identidad personal.


@_Melchisedech

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