Viernes, 23 Enero 2026 10:23

Soberanía y dignidad: Claudia Sheinbaum consolida una relación de iguales con Estados Unidos

Escrito por Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

​La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo marcó un hito en la historia diplomática de nuestro país al institucionalizar una política exterior de altura, basada en la defensa irrestricta de la soberanía nacional. A través de un marco doctrinal sólido, la administración de la Cuarta Transformación deja claro que la relación con el vecino del norte ya no se rige por la sumisión de los gobiernos neoliberales, sino por un entendimiento estratégico que prioriza el interés del pueblo de México. Este nuevo paradigma se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: el respeto a la soberanía, la responsabilidad compartida, la confianza mutua y la cooperación sin subordinación, principios que hoy definen una era de dignidad y autonomía.

​El primer pilar, el respeto absoluto a la soberanía e integridad territorial, constituye la "línea roja" infranqueable para cualquier acuerdo. Frente a las voces intervencionistas que desde el extranjero pretenden vulnerar nuestro suelo, la Presidenta es contundente: las decisiones de México las toma el pueblo mexicano y la seguridad interna es competencia exclusiva de nuestras instituciones. Esta postura firme garantiza que la cooperación binacional se realice siempre bajo el amparo de nuestra Constitución, rechazando categóricamente cualquier operativo de agencias foráneas que no esté debidamente regulado y subordinado a la autoridad nacional.

​En el eje de la responsabilidad compartida y diferenciada, el Gobierno de México logró que Washington reconozca su papel corresponsable en fenómenos como el narcotráfico y la migración. Bajo esta visión humanista, se exige que Estados Unidos asuma su parte en la reducción del consumo de drogas y, fundamentalmente, en el freno al tráfico ilegal de armas que nutre la violencia en nuestra región. México ya no actúa como un ejecutor pasivo de agendas ajenas; ahora, la demanda de inversión para el desarrollo en el sur y Centroamérica es el motor principal para atender las causas estructurales de la migración de manera digna.

​La diplomacia del diálogo, sustentada en el respeto y la confianza mutua, permite elevar la relación bilateral por encima de las estridencias políticas de los ciclos electorales estadounidenses. La administración de la doctora Sheinbaum promueve un trato entre iguales, donde el diálogo franco y la coordinación institucional sustituyen a las amenazas unilaterales. Al evitar la confrontación mediática y privilegiar los acuerdos estratégicos a puerta cerrada, México protege su imagen soberana y asegura que la colaboración en temas sensibles como la economía y el comercio se mantenga estable y constructiva.

​Finalmente, el principio de cooperación sin subordinación representa la victoria de la horizontalidad diplomática. Atrás quedaron los tiempos de agencias extranjeras operando con impunidad en nuestro territorio; hoy, la inteligencia se comparte de manera regulada y las operaciones son coordinadas con pleno mando mexicano. Esta política asegura que la integración económica del bloque de América del Norte, esencial para la prosperidad común, no se logre nunca a expensas de nuestra autodeterminación. México colabora por la paz y el bienestar regional, pero siempre con el bastón de mando en manos del pueblo.

@_Melchisedech

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