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Vio imágenes de archivo que durante años permanecieron enterradas en su memoria y tuvo que ver de frente a una versión de sí mismo que reconoce, pero que le es difícil de abrazar.
“Fue un chingazo, la neta, fue un golpe duro”, reconoce Chávez a Heraldo Media Group al recordar el momento en que volvió a mirar las escenas. Algunas fueron tan fuertes que admite que, de haber sabido, quizá no habría dado permiso para que vieran la luz.
Ahí está el corazón de la confrontación: el campeón contra el hombre que cayó.
Chávez habla de sus dos versiones. La de la leyenda y el hombre que se hundió y acabó con todo, hasta con su familia.
“Me estoy enfrentando al otro Chávez, el cabrón malo, el cabrón que se metió toda la cocaína, todo el alcohol”, dijo sin suavizar el recuerdo.
Hablar de esa etapa no es sencillo. Chávez recuerda un periodo que describe como un infierno, en el que estuvo “a punto de quitarme la vida” y reconoce el daño que causó a su familia.
Mirar su pasado también le permite dimensionar su recuperación. Lleva 18 años sin alcohol ni drogas y no habla de ello como una victoria definitiva. “El tiempo no te da la recuperación. Esto es de día tras día, día tras día”, explicó.
La reflexión adquiere otro significado cuando habla de sus hijos. Chávez reconoce que ellos vieron a su padre en lo más alto, pero también en lo más bajo, y que aquello "les dejó un trauma". Hoy dice que su manera de ayudarlos es demostrarles con hechos que es
posible levantarse. “Caí a lo más bajo, lo más hondo, pero ahora estoy arriba”. Su pelea, entonces, ya no es contra sus hijos, sino contra la enfermedad. “Mientras ustedes estén mal, yo les voy a echar chingazos, no a ellos, a la enfermedad”, afirmó. Y entre todas las imágenes de la docuserie, hubo una que lo golpeó distinto. No fue la caída ni los excesos, sino volver a ver el cariño de la gente. Aquello que en su momento vivió como cotidiano, ahora le parece impresionante. “En su momento lo vi, pero no lo dimensioné”, confiesa. Al mirar a personas entregadas a su figura, se preguntó: “¿Cómo puede ser posible que este pendejo mueva toda esa gente?”. Ese es quizá el otro enfrentamiento que le deja el documental: no solo mirar al Chávez que cayó, sino reencontrarse con el hombre que fue capaz de despertar un cariño que sobrevive a pesar de todo.
En el ring, una leyenda
Chávez se convirtió en campeón del mundo a los 22 años de edad, cuando era un desconocido y nadie esperaba que lo lograra. Era 1984, y con el título vacante, se enfrentó al experimentado Mario Azabache Martínez en el Auditorio Olímpico de Los Ángeles, y para sorpresa de todos, ganó. Este sólo fue uno de los hitos que lo llevaron a extender su estadía en este deporte por 25 años, aunque reconoció que su mayor gozo fue cuando venció en los últimos dos segundos de la pelea a Meldrick Taylor. “Cuando me coroné campeón del mundo. En ese entonces, ser campeón del mundo era sumamente complicado y difícil llegar a ser campeón. Luego tuve momentos grandísimos e históricos, como pelear en el Estadio Azteca ante 132 mil personas, tener el Récord Guinness de más peleas de campeonato del mundo en toda la historia. Pero si tengo que elegir una sólo cosa, me quedo con esa pelea donde la ganó en los últimos segundos, es una pelea de película”, agregó.
La mayor decepción de su carrera llegó en junio de 1996, cuando enfrentó a un joven Golden Boy, Óscar de la Hoya: “Porque desafortunadamente en esa primera pelea yo sentí que podía ganarle. Porque estaba muy bien preparado. Pero desafortunadamente cometí el error más grande de mi vida, es subir cortado y no pude”, reconoció. Julio César Chávez González ganó 107 peleas, 85 de ellas por la vía del nocaut, además duró 14 años invicto en los que acumuló 90 peleas profesionales (89 triunfos y un empate), perdió seis y empató dos. En ninguna pelea dejó de sentir miedo cuando caminaba del vestidor al ring, no importaba si era una pelea “fácil” o no, pero su mayor temor siempre fue hacer el ridículo sobre las cuerdas o quedarle mal a sus aficionados, por eso ahora le desagrada que los influencers se tomen esta disciplina tan a la ligera con eventos como “La velada del año” o “Ring Royale”. Patricia Villanueva y Daniel Moad
