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Rafael G. Morales

Fotos: Mundial 2026
  
Si bien la Selección de México en esta Copa del Mundo pasó a la historia como la mejor primera fase al conseguir paso perfecto, al lograr sumar nueve puntos, ganando sus tres partidos, anotando seis goles y manteniendo su arco en cero.

No es la primera ocasión que logra avanzar sin derrota a cuestas, ya que esta fue la quinta ocasión que clasificó de forma invicta.

En el Mundial 2002 que se celebró en Corea-Japón, México sumó siete puntos en un grupo complicado. Logró una victoria ante Croacia, venció a Ecuador y rescató un empate contra Italia, avanzando como líder de sector.

En el Mundial 2014, que tuvo como sede a Brasil, el equipo tricolor obtuvo siete puntos. Debutó con triunfo ante Camerún, logró un empate sin goles contra el anfitrión Brasil y cerró con una victoria contundente sobre Croacia.

En el Mundial de 1986, del cual fue anfitrión lograron cinco puntos, aunque cabe aclarar que entonces los triunfos solo otorgaban dos puntos. En aquella ocasión derrotaron a Bélgica, empataron con Paraguay y vencieron a Irak, avanzando invictos y como líderes de grupo para llegar hasta los Cuartos de Final, lo que nunca más ha podido igualar.

En el Mundial de 1970, su primera copa en casa, avanzaron con cinco puntos. Arrancaron con un empate ante la Unión Soviética, golearon a El Salvador y derrotaron a Bélgica, culminando también entre los ocho mejores del torneo.

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Rafael G. Morales

Fotos: Mundial 2026
 
Luego de la contundente victoria de la Selección Mexicana por 3 goles a 0 sobre el representativo de Chequia, el equipo comandado por el director técnico Javier ‘Vasco’ Aguirre estableció varias marcas personales en una justa mundialista.

De entrada, la más relevante, es que por primera ocasión superó una fase de Grupos con marcha perfecta, es decir, con tres victorias, lo que le significó el primer lugar del sector A y una cosecha de 9 puntos. Hito nunca antes visto ni en los Mundiales de 1970 y 1986, en los que también fue sede.

De igual forma, es la primera ocasión que en esta fase no recibe gol en contra.

Con la victoria en el estadio Ciudad de México –otrora Azteca-, sumó su triunfo número 20 en el torneo de futbol más importante del mundo. Número que pocas escuadras pueden presumir y que pone al cuadro nacional a una victoria de entrar en la sala de los grandes países en los mundiales, es decir, en el Top 10.

Adelante de la Selección Mexicana desfilan potencias de este deporte, donde la más cercana es Bélgica, la cual cuenta con 21 triunfos, por lo que en caso de lograr avanzar a Octavos de Final, México se colocaría con los Diablo Rojos en el décimo lugar de la clasificación de escuadras con más victorias.

El ‘Scratch du Oro’ domina la lista de máximos ganadores en la copa del futbol. Brasil cuenta con un total de 78 triunfos, teniendo como más cercano perseguidor a la Selección de Alemania con 70.

Otra marca que logró la escuadra tricolor fue la de su segunda victoria por más goles, solo superada por el 4-0 que le propinó a El Salvador en México 70.

El tercer tanto conseguido por Álvaro Fidalgo, nacido en España, ante Chequia fue el tercer gol anotado por un jugador naturalizado mexicano en un certamen mundialista. Antes de él lo hicieron Antônio Naelson Matias, el brasileño conocido deportivamente como ‘Zinha’, y Julián Quiñones, nacido en Colombia.

Asimismo, fue el primer cotejo en un torneo veraniego de la FIFA donde dos no nacidos en México anotan en un mismo duelo. Así lo hicieron Quiñones, quien lleva dos en esta Copa, y Fidalgo.

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¡Se les cayó el teatro! La prensa checa destroza a su selección tras la goleada de México

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aristeguinoticias

El Tricolor se impuso 3-0 a República Checa en el Estadio Ciudad de México, gracias a los goles de Mateo Chávez (55'), Julián Quiñones (61') y Álvaro Fidalgo (90+4'); resultado que le permite terminar con pleno de victorias la fase de grupos por primera vez en 17 participaciones mundialistas.


Histórica primera fase de grupos.

La Selección Mexicana logró por primera vez en 17 participaciones mundialistas terminar con pleno de victorias la primera fase de una Copa del Mundo al imponerse con autoridad 3-0 a República Checa ante un lleno espectacular este miércoles el Estadio Ciudad de México, donde el Tricolor llegó a 9 puntos en el primer lugar del Grupo A del Mundial 2026.

El conjunto mexicano sufrió en la primera mitad para imponer su estilo de juego, pero en la parte complementaria arrolló a los checos y lo reflejó en el marcador con tantos de Mateo Chávez al minuto 55, Julián Quiñones al 66′ y Álvaro Fidalgo al 90+4′.

Con este resultado, México sumó su tercera victoria y llegó a 9 puntos como líder del Grupo A, seguido por Sudáfrica con 4 unidades, al tiempo que Corea del Sur, con 3 puntos, deberá esperar para clasificar a la siguiente ronda como uno de los terceros lugares. Y contra todo pronóstico, República Checo en el fondo del sector con un punto y ya eliminado del torneo.

El conjunto nacional saltó al terreno de juego con su elegante tercer uniforme en blanco y pronto se enfrasco en una sórdida lucha con los europeos para imponer su estilo de juego.

La primera aproximación de de los checos llegó al minuto 8, cuando Denis Višinský recibió el balón de espaldas al marco, se dio vuelta y ensayó un disparo raso que se escapó muy cruzado del marco defendido por Raúl Rangel.

Con el correr de los minutos, México fue ganando en posesión del esférico, pero no tuvo claridad para llegar al marco checo y abusó de los servicios por arriba, un regalo para los zagueros rivales de gran estatura.

Fue tras la pausa de hidratación que México tuvo mayor idea para ofender. Al 37′, Israel Reyes ensayó una chilena, tras un rechace checo y el balón salió desviado.


El conjunto mexicano vivió su mejor momento de la primera mitad y con disparos de Jorge Sánchez, bien atajado por el arquero checo Matěj Kovář y, un minuto después, otro bombazo de Roberto Alvarado, que se escapó por arriba del travesaño, dieron mayor sensación de peligro.

Antes del descanso, Julián Quiñones se animó con un dispar de larga distancia que pasó por arriba del marco.

En la parte complementaria, México encontró la recompensa a sus esfuerzos al 55’, cando Luis Romo controló el esférico en la mitad de la cancha ante tres checos, pero tuvo la claridad de habilitar por derecha a Mateo Chávez, quien se sacó la marca de otro rival y frente al arquero Kovář definió de pierna izquierda para el 1-0.

México aumentó la ventaja al 61′, tras una gran servicio en profundidad de Gilberto Mora para Jorge Sánchez, quien estrelló el balón en el cuerpo de Kovář, pero el rebote le cayó a Julián Quiñones para empujar el esférico a las redes y marcar el 2-0.


El momento emotivo del partido llegó al minuto 78, cuando el público en el mítico Estadio Azteca coreó el nombre de Guillermo Ochoa, quien ingresó de cambio por Raúl Rangel, para jugar en su sexta Copa del Mundo.

En los minutos finales llegaron los ‘oles’ desde la grada, ya que México no le prestó el balón al rival, lo circuló por todo el terreno de juego ante unos checos ya entregados, tras realizar un gran esfuerzo en la altura de la capital mexicana.

La puntilla llegó en tiempo agregado al 90+4’ por conducto de Álvaro Fidalgo, quien mandó el balón a las redes, tras un balón rebotado por Kovář a un disparo de Santiago Giménez.

Con el silbatazo final del argentino Yael Falcón la fiesta inició en el Coloso de Santa Úrsula y en el resto del país por la historia primera fase del conjunto mexicano.

Ficha
Mundial 2026 / Grupo A / Fecha 3

República Checa 0-3 México

Estadio: Ciudad de México

Árbitro: Yael Falcón (Argentina)

Goles

0-1 (55’).- Mateo Chávez

0-2 (61’).- Julián Quiñones

0-3 (90+4’).- Alvaro Fidalgo

Alineaciones


República Checa

Matěj Kovář

Vladimír Coufal

Tomáš Holeš

(Tomas Soucek, 64’)

(Alexandr Sojka, 87’)

Robin Hranáč

Ladislav Krejčí

David Douděra

Michal Sadílek

Lukáš Červ

(Tomás Chory, 87’)

Denis Višinský

(Lukás Provod, 56’)

Adam Hložek

(Patrik Schick, 64’)

Pavel Šulc
DT: Miroslav Koubek

México

Raúl Rangel

(Guillermo Ochoa, 78’)

Jorge Sánchez

César Montes

Edson Álvarez (Amarilla, 64’)

Mateo Chávez

(Jesús Gallardo, 78’)

Israel Reyes

Gilberto Mora

(Álvaro Fidalgo, 72’)

Luis Romo

(Obed Vargas, 63’)

Roberto Alvarado

Guillermo Martínez

(Santiago Giménez, 63’)

Julián Quiñones

DT: Javier Aguirre

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Telediario

Tras el desempeño de la selección mexicana durante la primera fase del Mundial 2026, los jugadores de México cuentan con algunas fuentes de ingreso mediante salarios de su club y pagos por representar a la selección; sin embargo, los jugadores no reciben un sueldo fijo, en cambio reciben una compensación por su participación.
La FIFA ha destinado 655 millones de dólares en premios que se repartirán entre los 48 equipos participantes de la justa mundialista dependiendo su posición en el torneo. Bajo la misma regla, cada equipo clasificado recibirá un millón y medio de dólares para cubrir gastos de preparación.

Además, la organización deportiva otorga una compensación económica a los clubes que aporten jugadores para el evento mundial a través del Programa de Ayudas a Clubes de la FIFA, que consiste en un pago por jugador y por día a lo largo del torneo.

¿Cuánto ganará la Selección Mexicana durante el Mundial 2026?

La selección mexicana recibirá una compensación de 10.5 millones de dólares por participar en el torneo como parte de los premios que la FIFA repartirá entre los 48 equipos del Mundial de 2026. El Consejo de la FIFA aprobó una contribución financiera de 655 millones de dólares que se repartirá de la siguiente manera:

Campeones: 50 millones de dólares

Segundo lugar: 33 millones de dólares

3er puesto: 29 millones de dólares

4.º puesto: 27 millones de dólares

Del 5.º al 8.º puesto: 19 millones de dólares.

Del 9.º al 16.º puesto: 15 millones de dólares

Puestos 17 al 32: 11 millones de dólares

Puestos 33 a 48: 9 millones de dólares

Además, cada equipo clasificado recibirá 1.5 millones de dólares para cubrir los gastos de preparación. Esto significa que todas las federaciones participantes tienen garantizados al menos 10.5 millones de dólares cada una.

¿Cuánto ganan los jugadores de México durante el Mundial 2026?

Los futbolistas profesionales como los de la Selección Mexicana, cuentan con dos fuentes de ingresos distintas. La primera es un salario a través de su club, un sueldo que suele cubrir toda la temporada y no se paga partido por partido. Además, muchos contratos incluyen:

Bonos por victorias

Bonos por títulos

Bonos por clasificación a torneos

Premios por rendimiento individual

La segunda fuente de ingresos de los futbolistas es al ser convocados a una selección nacional. No reciben un salario permanente de la selección, pero sí pueden recibir primas por convocatoria, concentración o participación. También pueden negociar bonos especiales para torneos importantes como una Copa del Mundo.

Distintos medios y fuentes declaran que los jugadores de la Selección Mexicana reciben alrededor de ocho mil dólares por concentración o por evento, como una forma de compensación económica por su participación. La cantidad es equivalente a aproximadamente 140 mil pesos mexicanos.

¿Cuánto ganan los equipos durante el Mundial 2026?

La FIFA distribuirá 250 millones de dólares entre los clubes cuyos jugadores participan en el mundial. Los pagos se calcularán por jugador y por día, teniendo en cuenta su inclusión en la plantilla y la duración de su participación.

Los clubes recibirán cinco mil dólares por jugador y por día durante el periodo que dure el torneo del 11 de junio al 19 de julio de 2026. Esta compensación económica forma parte del Programa de Ayudas a Clubes de la FIFA.

El Consejo de la FIFA destinó un fondo de 355 millones de dólares para este propósito, de los cuales se han reservado 100 millones de dólares para los clubes que cedieron jugadores para las eliminatorias de la Copa Mundial.

Además, la FIFA anunció una compensación a los clubes de aproximadamente dos mil 360 dólares por jugador y partido de eliminatoria mundialista.

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En Línea Deportiva

Pepe Hanan


México ganó.

Otra vez.

Dos partidos, seis puntos, tres goles a favor y cero en contra.

Primer lugar del grupo.

Hasta ahí, la estadística fría y, a la vez, halagadora.

Ahora vamos al fondo.

Porque el triunfo ante Corea del Sur no fue una exhibición de buen fútbol.

No fue una sinfonía.

No fue una noche para guardar en la memoria del buen fútbol.

Fue otra cosa.

Fue un partido de Javier Aguirre.

Así de simple.

Y también así de complicado.

Corea tuvo más la pelota.

Corea remató lo mismo que México.

Corea terminó empujando.

Corea cerró el partido sobre el área mexicana.

Pero Corea cometió el error que México no cometió.

Y en los Mundiales, los errores se pagan muy caros.

Al minuto 49, Julián Quiñones peleó una pelota incómoda; el portero Kim Seung-gyu salió mal, chocó con su defensa, soltó el balón y Luis Romo apareció donde aparecen los jugadores oportunistas: en el lugar correcto, en el momento correcto y con la portería abierta.

No fue una jugada de pizarrón.

No fue una genialidad.

Fue un error.

Y México lo aprovechó.

Punto.

Pero el partido no se explica solamente por el gol.

Se explica por lo que Aguirre está construyendo.

Y aquí viene el dato.

Contra Sudáfrica, el Vasco hizo cinco cambios.

Contra Corea, hizo otros cinco.

Y en los dos partidos se repitieron tres nombres desde la banca: Orbelín Pineda, Santiago Giménez y César Huerta.

Eso no es casualidad.

Eso es jerarquía.

Eso es libreta.

Eso es confianza.

Aguirre no está tirando dados.

Aguirre ya sabe a quién llamar.

También repitió ocho titulares entre el primer y segundo partido.

No está buscando equipo.

Ya lo encontró.

Y cuando un seleccionador deja de buscar, empieza a competir desde otro lugar.

Los técnicos jóvenes buscan respuestas.

Los técnicos viejos buscan certezas.

Y el Vasco, a estas alturas de su vida, parece tener muy claras las suyas.

Tala Rangel en la portería.

Johan Vásquez como defensa más solvente.

Edson Álvarez ordenando la zaga.

Erik Lira mordiendo en medio campo.

Romo poniendo experiencia.

Alvarado trabajando más de lo que luce.

Quiñones peleando todo.

Raúl Jiménez como referencia.

Y desde la banca, Orbelín, Santiago y el Chino esperando turno.

Ahí está el equipo.

Ahí están sus hombres.

Ahí están sus guerreros.

México no domina desde la posesión.

México domina desde el orden.

México no abruma.

México incomoda.

México no aplasta.

México espera.

Y cuando el rival se equivoca, lo castiga.

Eso también es fútbol.

No siempre gusta.

No siempre enamora.

Pero en un Mundial sirve.

Y vaya que sirve.

Porque este México llega al tercer partido con seis puntos, portería invicta y equipo completo.

Cero lesionados.

Apenas una tarjeta amarilla en todo el torneo: la de Brian Gutiérrez ante Sudáfrica, al minuto 23.

Por eso, lo más lógico sería no arriesgarlo frente a Chequia.

Una segunda amarilla podría dejarlo fuera de los dieciseisavos de final.

Y si algo está haciendo bien Aguirre en este Mundial es evitar riesgos innecesarios.

Ahí también está la mano del seleccionador.

No solo en el parado táctico.

No solo en los cambios.

También en la administración del torneo.

Porque una cosa es dirigir partidos.

Y otra muy distinta es dirigir un Mundial.

Hong Myung-bo también hizo su trabajo.

Hay que decirlo.

Corea fue de menos a más.

Primero sufrió.

Después equilibró.

Luego adelantó metros.

Y terminó atacando con todo lo que le quedaba.

El técnico coreano movió piezas, buscó variantes y terminó empujando a México contra su propia área.

Pero llegó tarde.

Su equipo tuvo balón, pero poca profundidad durante buena parte del partido.

Tuvo intención, pero poca claridad.

Tuvo reacción, pero ya con el marcador en contra.

Y en una Copa del Mundo, cuando reaccionas tarde, muchas veces ya estás condenado.

Corea encontró sus mejores momentos al final.

La gran atajada de Tala Rangel y la pelota salvada casi sobre la línea fueron el recordatorio de siempre:

Los partidos no se administran.

Se terminan.

Y México lo terminó.

Sufriendo, sí.

Pero lo terminó.

Y la buena fortuna hizo el resto.

Eso también vale.

Sudáfrica exigió poco.

Corea exigió más, pero tampoco demasiado.

La verdadera prueba llegará cuando México enfrente a un rival que lo obligue a jugar un partido que no quiera jugar.

Ahí sabremos realmente de qué está hecho este equipo.

Por ahora, lo único claro es que México gana, no recibe goles y no se descompone.

Y eso, en un Mundial, vale oro.

Pero ahora viene Chequia.

México ya está clasificado.

México ya tiene prácticamente asegurado el primer lugar.

Y ahí aparece la tentación.

La tentación de los minutos regalados.

La tentación de quedar bien.

La tentación de decir: “Que jueguen los que vinieron al Mundial y todavía no han jugado”.

Eso lo haría un entrenador.

Un entrenador administra egos.

Un entrenador reparte minutos.

Un entrenador busca tener contento al grupo.

Pero un seleccionador no puede darse esos lujos cuando está a unos días de jugar a eliminación directa.

Porque los Mundiales no se preparan haciendo homenajes.

Se preparan con ritmo, concentración, asociación, sincronía y certezas.

Aguirre ya encontró a sus hombres.

Ahora no debe perderlos.

Y quizá ahí esté la verdadera historia de este Mundial.

No en los seis puntos.

No en los tres goles.

No en las dos porterías en cero.

Ni siquiera en el liderato del grupo.

La verdadera historia puede estar sentada en el banquillo mexicano.

Porque este no es el Aguirre de 2002.

Tampoco es el Aguirre de 2010.

Aquellos todavía estaban construyéndose.

Este ya no.

Este Aguirre ya conoce el éxito.

Ya conoce el fracaso.

Ya conoce las críticas.

Ya conoce los elogios.

Ya conoce las eliminaciones que duelen y las decisiones que persiguen durante años.

Este Aguirre ya enterró a sus muertos.

Y quizá por eso hoy parece más sereno.

Más paciente.

Más pragmático.

Porque, mientras muchos siguen viendo partidos, él parece estar viendo consecuencias.

Y por eso la advertencia para Chequia cobra todavía más valor.

No caigas en la tentación, Javier.

No confundas tranquilidad con relajación.

No conviertas el tercer partido en una ceremonia de reconocimientos.

No regales ritmo.

No regales concentración.

No regales asociación ni sincronía.

Corea-Japón 2002 todavía está ahí.

Octavos de final contra Estados Unidos.

Minuto 78.

Alberto García Aspe por Gerardo Torrado.

Un homenaje fuera de tiempo.

Una concesión emocional en el partido más importante.

Y México terminó de desdibujarse.

Por eso hoy la advertencia es clara.

No pongas en riesgo el orden defensivo.

No rompas el ritmo.

No conviertas el partido ante Chequia en una despedida anticipada para nadie.

Ni siquiera para Guillermo Ochoa.

Porque en este Mundial no se permiten homenajes.

Se permiten decisiones.

Y como alguna vez gritó Don Fernando Marcos:

“¡Borja, no falles!... ¡No falles!”.

Hoy el mensaje sería otro.

Más corto.

Más simple.

Más urgente.

¡Aguirre, no te equivoques!

¡Aguirre, no te equivoques!

Porque este Mundial todavía no ha terminado.

Y porque quizá, después de tantos años, este Javier Aguirre ya no anda buscando una clasificación.

Quizá anda buscando algo mucho más difícil.

Su vida eterna.

Y México también...

Mientras tanto, nosotros...

VEREMOS Y DIREMOS…

Hasta la próxima.

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Domingo, 14 Junio 2026 14:22

"BUSCANDO AL HOMBRE NÚMERO 22..."

En Línea Deportiva

Pepe Hanan


(Los Secretos que separan a un Entrenador de un Campeón del Mundo)

El error que cometemos con Rafa Márquez es confundir a un entrenador con un verdadero Seleccionador Nacional.

Amigo lector, la semana pasada sostuve en este mismo espacio que Rafa Márquez aún no está listo para convertirse en el próximo Seleccionador Nacional rumbo al Mundial de 2030.

Muchos estuvieron de acuerdo.

Otros no.

Y es perfectamente normal.

Porque cuando se toca a una figura del tamaño de Rafa, las opiniones suelen dividirse.

Sin embargo, después de aquella columna me quedó una pregunta dando vueltas en la cabeza.

¿Qué es exactamente un Seleccionador Nacional?

¿Y qué diferencia existe entre un entrenador exitoso y un hombre capaz de conducir a todo un país hasta conquistar una Copa del Mundo?

Por eso decidí revisar la historia de todos los campeones mundiales desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022.

Analizar quiénes fueron.

Cómo llegaron.

Qué características compartían.

Y sobre todo entender qué convierte a un hombre en un verdadero Seleccionador Nacional.

La conclusión es contundente.

Los Mundiales no los ganan los entrenadores.

Los ganan los Seleccionadores.

Y la diferencia entre unos y otros es mucho más grande de lo que imaginamos.

Porque una cosa es dirigir un equipo.

Otra muy distinta es conducir el destino futbolístico de una nación entera durante un proceso de cuatro años.

Y la historia demuestra que muy pocos hombres han sido capaces de hacerlo.

Los resultados son sorprendentes.

Mire usted.

Desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022 se han disputado veintidós Copas del Mundo.

Sin embargo, solamente veintiún hombres han logrado sentarse en el banquillo de una selección campeona.

Es un hombre menos que copas disputadas.

Porque Vittorio Pozzo continúa siendo el único ser humano capaz de ganar dos Copas del Mundo consecutivas.

Italia 1934.

Italia 1938.

Noventa años después nadie ha podido repetir semejante hazaña.

Así de difícil es ganar un Mundial.

Así de exclusivo es ese club.


Aunque quizás exista una excepción, el Flaco Menotti Ganó la copa de 1978 y tuvo mucho que ver en la Copa de 2022.

Atrás del telón, Menotti era la mano que mecía la cuna Argentina y el "oráculo" al que todas las mañanas y todas las noches recurrían Scaloni y su cuerpo técnico para encontrar respuestas cuando aparecían las dudas.

Y aquí aparece la primera gran conclusión.

Los Mundiales no se ganan por accidente.

No se ganan por suerte.

No se ganan únicamente por tener buenos futbolistas.

Los Mundiales son la culminación de proyectos deportivos que normalmente tardan años en construirse.

Por eso resulta tan interesante estudiar a los hombres que estuvieron detrás de cada título.

Porque cuando uno analiza a Vittorio Pozzo, Mario Zagallo, Franz Beckenbauer, César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Vicente del Bosque, Didier Deschamps o Lionel Scaloni descubre algo muy particular.

Todos eran diferentes.

Algunos eran obsesivos de la táctica.

Otros privilegiaban el manejo de grupo.

Algunos apostaban por la posesión.


Otros por el orden defensivo.

Sin embargo, todos compartían algo.

Conocían perfectamente el entorno que estaban dirigiendo.

Y eso nos lleva a un dato que me parece brutal.

En casi cien años de historia mundialista ningún entrenador extranjero ha logrado ser Campeón del Mundo dirigiendo una selección distinta a la de su país de origen.

Ninguno.

Cero.

La estadística es contundente.

Y nos habla de algo que muchas veces subestimamos.

La identidad.

La cultura.

La comunicación.

La capacidad de interpretar el sentir de un vestidor y de una nación entera.

Por eso ser Seleccionador Nacional implica mucho más que saber de fútbol.

Implica representar una manera de entender el fútbol.

Y también una manera de entender a un país.

Ahora bien.

Existe otro aspecto que pocas veces se analiza.

La influencia real que tiene un Seleccionador durante una Copa del Mundo.

Porque tampoco debemos caer en el error de creer que todo depende de él.

Los jugadores siguen siendo los protagonistas.

Son ellos quienes ejecutan.

Son ellos quienes toman decisiones dentro del campo.

Pero conforme avanza un Mundial el peso específico del Seleccionador crece de manera considerable.

Para un servidor, durante la fase de grupos la influencia del técnico ronda entre un 25 y un 30 por ciento.

Es la etapa donde administra cargas físicas.

Gestiona emociones.

Evita excesos de confianza.

Corrige errores.

Y protege al grupo de las turbulencias externas.

Pero cuando llega la eliminación directa todo cambia.

Porque desaparece el margen de error.

Ya no existe mañana.

Y ahí la influencia del Seleccionador aumenta aproximadamente hasta un 40 por ciento.

Cada modificación cuenta.

Cada ajuste táctico pesa.

Cada decisión puede definir el destino de una generación completa.

Es la etapa donde aparecen las lecturas finas.

Las correcciones sobre la marcha.

Las decisiones valientes.

Y finalmente llegamos al partido más importante de todos.

La Gran Final.

Para un servidor es ahí donde el Seleccionador alcanza su máxima influencia.

Cincuenta por ciento.

Sí.

La mitad del resultado.

Porque una Final del Mundo ya no se juega únicamente con las piernas.

Se juega con la cabeza.

Con la personalidad.

Con la experiencia.

Con el manejo emocional.

Con la capacidad de soportar una presión que pocos seres humanos experimentan en su vida.

Por eso los grandes Seleccionadores terminan convirtiéndose en auténticos líderes de grupos humanos.

No solamente en entrenadores.

Y si el encuentro llega al tiempo extra, la responsabilidad vuelve a incrementarse.

Porque en ese momento aparece el agotamiento.

La fatiga.

La desesperación.

La incertidumbre.

El marcador empieza a ceder terreno ante la psicología.

Y si la definición llega a los penales, entonces el Seleccionador debe convertirse en un gestor de emociones.

Muchos dicen que los penales son un volado o una lotería.

Para un servidor no lo son.

Existe suerte, por supuesto.

Pero también existe preparación.

Existe análisis.

Existe liderazgo.

Existe capacidad, para identificar quién está preparado emocionalmente para soportar la presión.

Por algo las finales mundialistas definidas desde el manchón penal fueron ganadas por Carlos Alberto Parreira en 1994, Marcello Lippi en 2006 y Lionel Scaloni en 2022.

Y existe otro dato fascinante.

Ninguna Final de Copa del Mundo se ha definido en muerte súbita.

Todas quedaron resueltas dentro de la serie reglamentaria de cinco disparos.

Lo cual nos habla de preparación.

De planeación.

Y de capacidad para trabajar los detalles.

Porque los Mundiales suelen decidirse precisamente en los detalles.

Ahora bien.

Si existe una nación que ha producido algunos de los mejores Seleccionadores de la historia, esa es Argentina.

Y aquí entran dos personajes fundamentales para entender el fútbol moderno.

César Luis Menotti.

Y Carlos Salvador Bilardo.

Dos hombres completamente distintos.

Dos escuelas opuestas.

Dos maneras diferentes de entender el juego.

Menotti defendía la creatividad.

La posesión.

La iniciativa.

El respeto por la pelota.

Bilardo defendía la estrategia.

La preparación extrema.

El detalle.

La obsesión competitiva.

Durante décadas dividieron al fútbol argentino.

Pero ambos terminaron conquistando exactamente el mismo lugar.

La cima del mundo.

Y eso demuestra algo extraordinario.

No existe una única receta para ganar un Mundial.

Lo que sí existe es una condición indispensable.

Convencer a un grupo entero de creer.

Porque el Primer Convencido de que puede ganar la Copa del Mundo siempre es el Seleccionador.

Hoy mismo le puedo decir que de los 48 Seleccionadores que iniciaron esta Copa del Mundo, no más de cinco están verdaderamente convencidos de que vinieron a ganarla. Y de esos cinco, el corazón de uno late con más fuerza que el de los otros cuatro.

¿Usted amigo lector cuál cree que será?

Porque cuando un Seleccionador logra unir 26 voluntades en torno a su mente y corazón, el equipo adquiere una fuerza que trasciende cualquier sistema táctico.

Y precisamente ahí aparece Lionel Scaloni.

Porque resulta muy sencillo analizar al campeón después de levantar la Copa.

Lo difícil es recordar cómo comenzó la historia.

Scaloni llegó rodeado de dudas.

Sin títulos.

Sin experiencia importante en clubes.

Sin el respaldo popular.

Muchos lo consideraban un técnico interino.

Una solución temporal.

Un experimento.

Y fue entonces cuando apareció una figura decisiva.

César Luis Menotti.

El Flaco observó algo que muchos no alcanzaban a ver.

Detectó liderazgo.

Detectó inteligencia.

Detectó capacidad para gestionar grupos.

Y decidió respaldarlo.

Lo protegió.

Lo acompañó.

Lo sostuvo.

Cuando buena parte de la prensa argentina cuestionaba el proyecto, Menotti actuó como escudo institucional.

Y eso también forma parte de una estructura seria de Selecciones Nacionales.

Porque los proyectos exitosos necesitan tiempo.

Necesitan paciencia.

Necesitan convicción.

Necesitan respaldo.

Y sin ese respaldo difícilmente habría existido la llamada "Scaloneta".

Sin embargo, la historia más poderosa de Qatar 2022 ocurrió lejos de las cámaras.

Ocurrió dentro del vestidor.

Horas antes de disputar la Final frente a Francia.

Y aquí es donde aparece una de esas historias que explican por qué los Mundiales no se ganan únicamente con pizarrones tácticos.

De acuerdo con distintos relatos surgidos alrededor de aquel proceso, la emoción terminó por desbordar a integrantes importantes del cuerpo técnico argentino.

Lionel Scaloni.

Pablo Aimar.

Walter Samuel.

Fueron presa de un momento de emociones acumuladas que solo encontraron la manera de liberarse rompiendo en llanto.

Hombres que llevaban años construyendo ese sueño.

Hombres que entendían perfectamente lo que estaba en juego.

No solamente para ellos.

También para Lionel Messi.

Porque probablemente era su última oportunidad de convertirse en Campeón del Mundo.

Y los jugadores observaron aquella escena.

Lejos de interpretarla como una muestra de debilidad, entendieron algo completamente diferente.

Entendieron compromiso.

Entendieron honestidad.

Entendieron entrega absoluta.

Y según cuentan quienes estuvieron cerca de aquel grupo, fue ahí donde se fortaleció todavía más un pacto interno.

Un pacto de lealtad.

Una promesa silenciosa.

Una convicción compartida.

Messi no podía quedarse sin Copa del Mundo.

El "Mariscal Argentino" tenía que convertirse en CAMPEÓN del MUNDO.

Después de todo lo que había entregado a la Selección.

Después de tantos años soportando críticas.

Después de una final perdida.

Y por eso Argentina jugó aquella Final como la jugó.

Con intensidad.

Con determinación.

Con una entrega absoluta.

Porque cuando los grupos creen alrededor de su líder son capaces de realizar cosas extraordinarias.

Y cuando los líderes creen en su grupo ocurre exactamente lo mismo.

Por eso para un servidor la conquista argentina no puede explicarse únicamente desde la táctica.

Claro que existieron decisiones tácticas brillantes.

La utilización de Di María.

Los ajustes frente a Croacia.

Las modificaciones ante Países Bajos.

Todo eso fue importante.

Pero también existió algo más difícil de medir.

Unidad, Confianza, Sentido de pertenencia. Convicción.

Y esas son precisamente las herramientas más valiosas de un gran Seleccionador.

Porque los buenos entrenadores construyen equipos.

Los grandes Seleccionadores construyen causas.

Y cuando un grupo encuentra una causa común puede superar prácticamente cualquier obstáculo.

Por eso la imagen final de Qatar tiene tanto significado.

Terminó el partido.

Argentina era Campeón del Mundo.

Messi abrazó a Scaloni.

Y según relatan quienes estuvieron cerca de aquella celebración, sus palabras fueron simples.

Pero profundamente poderosas.

"Disfrútalo, Leo".

Nada más.

Dos palabras.

Pero en esas dos palabras viajaban años de trabajo.

Años de críticas.

Años de presión.

Años de convicción.

El mejor futbolista del planeta estaba reconociendo públicamente a quien había dirigido el proyecto.

Y ahí se encuentra la verdadera esencia de esta historia.

Los Mundiales no se improvisan.

Los campeones tampoco.

Y los Seleccionadores mucho menos.

Por eso inevitablemente regreso al punto donde iniciamos esta conversación.

Rafa Márquez.

¿Puede llegar a ser Seleccionador Nacional?

Por supuesto que sí.

Estoy convencido.

Tiene liderazgo, personalidad, prestigio.

Tiene carácter.

Tiene jerarquía.

Pero todavía le falta recorrer el camino más difícil.

El que recorrieron Pozzo.

Menotti.

Bilardo.

Beckenbauer.

Del Bosque.

Deschamps.

Y Scaloni.

El camino de la gestión.

El camino de la construcción de grupos.

El camino de las decisiones imposibles.

Porque dirigir una Selección Nacional no consiste únicamente en saber de fútbol.

Consiste en saber conducir hombres.

Consiste en administrar crisis.

Consiste en sostener proyectos cuando todos piden destruirlos.

Consiste en tomar decisiones cuando nadie más quiere hacerlo.

Consiste en ganar cuando nadie cree.

Y también en perder cuando todos señalan.

Por eso los entrenadores ganan partidos.

Los grandes entrenadores ganan campeonatos.

Pero los verdaderos Seleccionadores construyen algo mucho más difícil.

Construyen legado.

Construyen historia.

Construyen eternidad.

Y créame amigo lector.

Muy pocos lo consiguen.

Veremos en esta Copa del Mundo quien va a ser el "Inspirador" que lleve a los que creen ciegamente en él.

A alcanzar la "Gloria Eterna" por qué una cosa es segura ese selecto club de 21 hombres está esperando al número 22.

¿Qué tan lejos o qué tan cerca está un mexicano de poder ser parte de ese selecto club?

A Rafa le falta mucho camino por recorrer y aprender para poder hacerse cargo de semejante encomienda.

Pero Javier Aguirre esta ante la última oportunidad de su vida, de dejar Legado y Trascendencia ya que, con el silbatazo final del 19 de Julio, el Vasco se retira y deja atrás 30 años (96-26) de asumir la responsabilidad del banquillo.

Estará en posibilidades de pedirle al destino que lo considere para ingresar al Selecto Club de los CAMPEONES DEL MUNDO...

¿Usted qué cree Amigo Lector...?

Yo le diré mi opinión en la próxima entrega...

Por lo pronto disfrutemos de estas dos primeras fechas de la Ronda de Grupos...

Mientras tanto...

VEREMOS Y DIREMOS...

Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.

Hasta la próxima.

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Publicado en EL CONFESIONARIO

jornada.com

Representantes de los gobiernos de México y Estados Unidos sostuvieron ayer una reunión bilateral de seguridad en la nueva sede de la embajada estadunidense en la Ciudad de México.

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) destacó que ambas delegaciones reafirmaron que la cooperación en esta materia debe desarrollarse con pleno respeto a la soberanía de ambos países y con el principio de cooperación sin subordinación, mientras el gobierno estadunidense presentó el encuentro como el inicio de una nueva etapa de coordinación orientada a lograr “resultados inmediatos y de gran impacto” contra el crimen organizado, el tráfico de drogas y armas y la migración irregular.

La reunión del Grupo Bilateral de Implementación (GBI), nuevo mecanismo de diálogo en materia de seguridad, fue encabezada por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, y el embajador estadunidense, el coronel en retiro Ronald Johnson, y en ella participaron funcionarios de seguridad y procuración de justicia de ambos países.

Horas antes del encuentro, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo señaló que el gobierno mexicano insistiría ante las autoridades estadunidenses en temas pendientes de la agenda bilateral, entre ellos la entrega de pruebas relacionadas con las acusaciones y solicitudes de detención promovidas por Washington contra políticos mexicanos, incluido Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia.

En un comunicado difundido tras el encuentro, la SRE informó que las delegaciones destacaron los resultados obtenidos en los meses recientes mediante acciones coordinadas. Entre ellos mencionaron la reducción de 76 por ciento en los aseguramientos de fentanilo en la frontera sur de Estados Unidos y la disminución de 22.1 por ciento de las muertes por sobredosis asociadas al consumo de opioides sintéticos.

Asimismo, ambas partes coincidieron en la necesidad de reforzar el combate al tráfico ilícito de armas y las acciones dirigidas a desarticular a las organizaciones criminales trasnacionales.

Por su parte, la embajada de Estados Unidos señaló que el encuentro tuvo como propósito impulsar acciones que permitan obtener resultados inmediatos en prioridades compartidas, como el combate al tráfico de sustancias prohibidas y de armas, la migración irregular, el robo de combustible y las amenazas emergentes vinculadas al uso de drones.

El embajador Johnson afirmó que el GBI “representa la siguiente etapa en la evolución de nuestra cooperación” y permitirá que la coordinación bilateral sea “más eficaz y constante”.

La SRE informó que la próxima reunión del mecanismo bilateral se realizará en sus instalaciones.

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En Línea Deportiva

Amigo lector: México arrancó el Mundial con una victoria de 2-0 sobre Sudáfrica. Tres puntos, portería en cero, buen ambiente, la tribuna feliz. Y millones de mexicanos celebrando el inicio de la Copa del Mundo. Hasta ahí, todo perfecto. Sin embargo, si usted me pregunta qué fue lo más importante que dejó el partido, mi respuesta probablemente le sorprenderá. No fueron los goles, ni el resultado, ni el ser líder de grupo momentáneamente. Fue la expulsión de César Montes. Sí. La expulsión.

Porque mientras todo mundo celebra la victoria, los cuerpos técnicos mundialistas suelen preocuparse por cosas muy distintas. Y créame. Estoy convencido de que Javier Aguirre y su gente están mucho más ocupados revisando esa jugada que observando los goles del encuentro. ¿Por qué? En esa jugada todos fallaron en el aparato defensivo; esa acción tuvo la consecuencia que tuvo porque no fueron solventes, se confiaron, bajaron la guardia y Montes, como último recurso, realizó la falta. Hay que decirlo: en los Mundiales no solo se castigan los errores futbolísticos. Se castigan peor los errores mentales. Y ahí está el verdadero foco rojo de esta Selección. Mire usted. México fue superior. México controló el partido. México generó ocasiones. México ganó merecidamente. Pero también dejó al descubierto aspectos que deberán corregirse rápidamente si realmente aspira a competir contra selecciones de mayor dinamismo, calidad técnica y envergadura. El primero es la contundencia. Porque el partido pudo terminar con una diferencia mucho mayor. Hubo momentos donde Sudáfrica estaba completamente superada. Y, sin embargo, México la mantuvo con vida demasiado tiempo. Los equipos campeones detectan cuando el rival está herido. Y en ese momento lo rematan. No negocian.

No administran. No especulan. Rematan. México todavía no mostró esa capacidad. El segundo aspecto es la ambición. Y aquí está otro detalle que no debemos ignorar. Después del segundo gol, la Selección bajó revoluciones. Administró el encuentro. Manejaba el balón. Controlaba el ritmo. Pero dejó de buscar el tercero. Y los Mundiales suelen premiar a los equipos que tienen hambre. No a los que se conforman. Porque cuando aparezcan rivales del tamaño de Francia, Alemania, España, Argentina o Brasil, las oportunidades serán mucho menos frecuentes. Y cuando aparezcan, habrá que aprovecharlas. La tercera observación, y para mí la más importante de todas, es la expulsión de Montes. Un error innecesario. Una acción evitable. Una desconcentración. Y aquí está el detalle, amigo lector. No es únicamente perder a un defensa para el siguiente partido. Es perder estabilidad emocional. Es enviar una señal equivocada. Es recordarnos que en una Copa del Mundo la cabeza juega tanto como los pies.


Por algo los grandes seleccionadores dedican horas enteras al control emocional de sus futbolistas. Porque saben perfectamente que una tarjeta roja puede destruir meses de trabajo. Ahora viene Corea del Sur. Y ahí empezará otro Mundial para México. Porque Corea no es Sudáfrica. Corea es un equipo mucho más disciplinado. Más intenso. Más ordenado. Más exigente tácticamente. Y, sobre todo, muy rápido tanto en sus individualidades como en sus transiciones. Un rival que obligará a México a pensar mucho más el partido. Y precisamente por eso considero que veremos una prueba mucho más cercana a la realidad. México tiene argumentos para ganar. Tiene experiencia. Tiene mejores individualidades. Tiene oficio. Y además jugará con la confianza que siempre otorga una victoria en el debut. Aunque también Corea del Sur viene muy motivado después de darle la vuelta al marcador en su primer partido. México también tendrá que resolver la ausencia de Montes y mejorar aspectos que quedaron expuestos en el primer encuentro. Si México corrige la contundencia. Si mantiene el orden. Si controla las emociones.

Tiene todo para imponerse. Mi pronóstico es una victoria mexicana por 2-1. Aunque no descarto un empate si los asiáticos consiguen imponer su ritmo durante varios pasajes del encuentro. Y no olvidemos una cosa: el público mexicano es una "veleta". Si por azares del destino Corea se pone adelante en el marcador o México no cumple las expectativas de la afición en los primeros 20 minutos, la localía cambiará de manos y el público en Guadalajara apoyará a Corea y presionará al máximo a los muchachos de Aguirre y al mismísimo "Vasco". Y ante ese escenario, los errores mentales o los titubeos pueden aparecer. El público mexicano así es. No sabe manejar la adversidad y, por el contrario, se convierte en un "martillo" que hace más complicada la remontada o la salida de un "bache mental". Y todo esto podría ser determinante en el resultado y, por consiguiente, en la posición del grupo y, por ende, en el futuro de la Selección en el Mundial. Prohibido "desconcentrarse" y, sobre todo, prohibido "fallar". Y aquí es donde quiero terminar. Porque mientras la mayoría de los análisis se quedarán con los goles, con los tres puntos y con el liderato del grupo, yo sigo pensando exactamente lo mismo. La jugada más importante de la noche no fue un gol. Fue una expulsión. Porque detectar lo que nadie está viendo cuando todo mundo está celebrando la victoria también forma parte del análisis mundialista. Y no se equivoque. Los Mundiales no castigan los errores que usted ve. Castigan los que usted decide ignorar. Cada partido es una FINAL para el VASCO AGUIRRE... Porque de ese resultado depende el recuerdo con el que la afición se quede de él... Así de "justo o injusto" es el fútbol...

Nosotros, como siempre, seguiremos en línea. Hasta la próxima.

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Uno de los temas centrales fue el fortalecimiento de la Iniciativa de Seguridad y Protección Marítima para América del Norte (NAMSI), mecanismo trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá para combatir actividades ilícitas

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