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Aunque el futbol es el deporte de las comunidades migrantes en Estados Unidos, el riesgo de que un control de tráfico rutinario se transforme en una detención migratoria contradice las promesas de inclusión de la FIFA rumbo a la Copa Mundial. Mientras el torneo desembarca con un despliegue de marcas y mensajes de unidad, los borradores sobre derechos humanos en las ciudades anfitrionas mencionan aspectos como el acceso al agua o el transporte, pero omiten el derecho básico de no ser perseguido por el color de piel, advierte el informe más reciente de la organización no gubernamental Amnistía Internacional (AI) sobre la cita mundialista.
El documento señala el uso de tecnologías de vigilancia intrusiva y el escrutinio de redes sociales en busca de “contenido anti-estadunidense” entre los visitantes. También cuestiona el Código de Conducta de FIFA, que restringe mensajes políticos en los estadios y limita las manifestaciones pacíficas de aficionados críticos con sus políticas.
Según datos del The New York Times, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza deportaron a más de 500 mil personas durante 2025 (230 mil detenidas dentro del país y 270 mil en las fronteras). Esta cifra es seis veces mayor que la capacidad del MetLife Stadium, sede de la final.
“No se trata de un riesgo abstracto”, refiere el documento. “Hasta el pasado 19 de marzo, el ICE ha firmado mil 544 acuerdos con cuerpos estatales y locales para utilizar cárceles de reclusión migratoria en sedes como Dallas, Houston y Miami. En el Mundial de Clubes 2025, Human Rights Watch documentó el caso de un aficionado que fue detenido por una infracción civil y luego pasó por el ICE hasta ser deportado. Ni la FIFA ni las autoridades estadunidenses han garantizado que la afición estará a salvo de redadas indiscriminadas o detenciones ilegítimas”.
La organización sostiene que en Canadá, México y, especialmente, Estados Unidos, los asistentes “corren el riesgo de enfrentar inquietantes ataques contra los derechos humanos”, especialmente, “los derivados de las mortales y abusivas políticas de inmigración”, país en el que se disputarán tres cuartas partes de los partidos del torneo. Esta oleada de deportaciones récord ha erosionado las salvaguardias del debido proceso, socavando la libertad y seguridad de miles de personas.
Las políticas de Trump, remarca AI, han fracturado comunidades y generado un “clima de temor” que empaña la organización de la Copa. Grupos de aficionados han manifestado que no consideran seguro tener una presencia visible en el torneo, citando riesgos específicos para las personas transgénero
Ante esta coyuntura, la organización insiste en adoptar "medidas urgentes" para que “la belleza del juego no termine en un feo resultado”. AI exige que los derechos de la afición, comunidades, jugadores, periodistas y trabajadores “ocupen un lugar central en el torneo”.

